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Opinión

José Antonio García Belaúnde: un maestro en la diplomacia, por Gustavo Meza-Cuadra

García Belaúnde fue clave en la presentación de la demanda marítima contra Chile, mostrando su compromiso y liderazgo en el proceso ante la Corte Internacional de Justicia.

Gustavo Meza-Cuadra
Gustavo Meza-Cuadra

Gustavo Meza-Cuadra, excanciller, Miembro de la Delegación Peruana ante la Corte Internacional de Justicia

Existe un amplio consenso nacional sobre las extraordinarias calidades personales y profesionales del canciller José Antonio García Belaúnde, cuya partida ha sido sentida no solo en el Perú, sino también en diversos países. Hombre de Estado, supo poner siempre el interés nacional por encima de cualquier otro, al servicio de la patria. Destacó por su agudo análisis político, su bonhomía y notables dotes de comunicador, cualidades que contribuyeron a cohesionar a los peruanos en torno al caso de delimitación marítima ante la Corte Internacional de Justicia.

Durante su gestión como canciller, son muchos los logros alcanzados, pero entre ellos resalta la decisión, junto con el presidente Alan García, de presentar la demanda a Chile en La Haya. Como canciller, condujo con firmeza este enorme desafío en el que luego participó como co-agente. Su compromiso fue clave para adoptar decisiones estratégicas que impactaron directamente en el resultado favorable para el Perú.

Una de sus decisiones más acertadas fue recomendar la designación del embajador Allan Wagner como agente del Perú ante la Corte. Wagner, su entrañable amigo y destacado colega, fue una figura clave en el proceso. También supo rodearse del mejor equipo legal posible, encabezado por el jurista Alain Pellet, a quien tuvo que persuadir para que aceptara el encargo.

Otra decisión trascendental fue proponer como juez ad hoc del Perú al prestigioso jurista francés Gilbert Guillaume, expresidente de la Corte Internacional de Justicia. Aunque Chile había optado por nombrar a un nacional, García Belaúnde comprendió que convenía más contar con una figura capaz de influir en las deliberaciones que alguien que simplemente quedara alineado con la posición peruana. El tiempo confirmó su acierto: la sentencia fue dividida, y Guillaume votó a favor del trazado equidistante desde la milla 80, contribuyendo a la mayoría de diez votos contra cinco.

Un factor adicional fue la decisión del Ecuador de no intervenir como tercero en el proceso, pese a tener derecho a hacerlo como firmante de los instrumentos de 1952 y 1954. De haberlo hecho, el Perú habría enfrentado una posición común de dos de los tres firmantes, lo que hubiera resultado perjudicial. Evitar esa intervención fue fruto de una labor diplomática discreta y paciente liderada por García Belaúnde durante más de un año. El resultado fue un acuerdo por intercambio de notas que fijó claramente el límite marítimo bilateral.

Este logro fue posible gracias a las cualidades que definían a García Belaúnde como un gran diplomático: discreción —conformó un equipo negociador reducido que trabajamos en sigilo durante un año—, paciencia, visión estratégica y temple ante momentos críticos. Uno de ellos, fue la publicación por Ecuador de una carta náutica que marcaba el paralelo como límite. Ante lo que parecía un ultimátum, García Belaúnde optó por el diálogo, manifestando su desacuerdo en privado y proponiendo continuar las conversaciones. Poco después, el 2 de mayo de 2011, los presidentes de ambos países anunciaron el acuerdo, sorprendiendo a todos. Como escribió un periodista chileno, el Perú había ejecutado una “obra maestra de diplomacia”, al neutralizar la eventual intervención del Ecuador y cuestionar la tesis de los límites ya establecidos.

El principal artífice de esa obra fue, sin duda, García Belaúnde. A esos méritos se suman muchos otros que jalonan su brillante trayectoria. En su libro “Dos siglos de desafíos de la política exterior peruana” —que tuvimos el honor de editar en la Academia Diplomática—, reivindica a grandes figuras del siglo XX: Belaúnde, Ulloa, Porras Barrenechea y García Bedoya. Con justicia, a esa ilustre nómina habrá que añadir, en un lugar preferencial, a José Antonio García Belaúnde, “Joselo”, como uno de los grandes maestros de la diplomacia peruana del siglo XXI.

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