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Opinión

El lenguaje del fuego, por Ramiro Escobar

El primer ministro Netanyahu intensifica su ofensiva contra el enriquecimiento de uranio en Irán, buscando desbaratar su capacidad nuclear, en un contexto de crisis política interna en Israel.

fuego
Ramiro Escobar


Justo cuando Estados Unidos se disponía a seguir negociando un posible acuerdo nuclear con Irán, y mientras la franja de Gaza sigue sumida en el horror, Israel ataca furiosamente el territorio de la antigua Persia y sube la temperatura bélica en Oriente Medio a niveles alarmantes, y acaso incontrolables. Todo deseo paz luce ahora pulverizado por drones, bombas y misiles.

El objetivo del primer ministro Netanyahu ha sido declarado: tumbar la posibilidad de que el régimen de los ayatolás cuente con bombas nucleares, algo que hace años se presume, pero aún no se comprueba. Para ello, está atacando los lugares donde se estaría enriqueciendo uranio con ese fin, y además victimando a los científicos y militares involucrados en esa tarea.

Es una vieja aspiración israelí, desde hace décadas, sólo que ahora se juntan en la mira otros propósitos inconfesables. Netanyahu requiere fortalecerse políticamente, para que su coalición no se venga abajo -empujada por la indignación de los familiares de los rehenes de Hamás y sus propios socios de gobierno-, porque si eso ocurre le esperan las brasas judiciales.

Producido el ataque, ha ocurrido lo esperable: el vitriólico régimen islámico ha prometido el “infierno”, no solo simbólico sino bélico, para Israel y ha lanzado sus misiles sobre Tel Aviv y otros lugares. Donald Trump, por su lado, luego de afirmar que recomendó a Israel no realizar el ataque, ahora lo califica de “excelente”, con una suerte de énfasis macabro.

En medio de la alarma que corre por la región, y por el mundo, conviene recordar una sentencia pronunciada por Trump, en enero de este año, cuando afirmó que se ganaría “la paz con la fuerza”. Es lo que estamos viendo en este epicentro de la geopolítica mundial. Se busca un acuerdo con Teherán, y a la vez se saca el garrote armado para amenazar al firmante.

Es el lenguaje del fuego, la palabra hecha golpe o bomba. El mismo que usan Netanyahu, los ayatolás, Hamás, o incluso los represores en Los Ángeles. Cada uno en su circunstancia, destroza el diálogo, aplasta la negociación y, en los peores casos, acaba con vidas humanas. El problema con esta escalada iraní-israelí es que su alcance puede ser apocalíptico.

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