Director Ejecutivo de Proética, Capítulo Peruano de Transparencia Internacional. Sociólogo. Máster en Gestión de Políticas Públicas por la UAB. Ex...

Presidenta: siete decisiones que la educación ya no puede esperar, por José Luis Gargurevich

"Renueve por todo lo alto una estrategia de becas y crédito educativos que devuelva esperanza de estudios superiores a los que se lo han trazado"

Los gobiernos no se definen por sus discursos. Se definen por las decisiones que toman cuando todavía nadie los obliga a tomarlas.

En educación, los primeros cien días siempre revelan una manera de entender las urgencias del país. Hay gobiernos que empiezan cambiando nombres de programas, removiendo funcionarios o peleándose con el currículo. Hay gobiernos que convierten la educación en un botín: reparten cargos, pagan favores y subordinan el futuro de millones de estudiantes a la lógica del regalo político. Y hay gobiernos que empiezan por hacerse las preguntas correctas: ¿por qué un niño de tercero de primaria todavía no comprende lo que lee? ¿Por qué un maestro siente que el Estado solo se acuerda de él cuando toca evaluarlo o cuando un conflicto sindical altera la calma de Palacio?

No hace falta inventar una nueva revolución educativa. Sí es inexorable dejar de usar la educación como campo de la batalla política.

Lo que hace falta es decidir. Y decidir es establecer prioridades. Presidenta, si la educación va a ser una prioridad de verdad, estas son siete decisiones que no admiten espera.

 1. Recupere los aprendizajes.

No permita que otra generación pague el costo de la demora y el ausentismo del Estado. Recuperar los aprendizajes no es un programa; debe ser el objetivo de justicia que ordene todo el sistema educativo. Cada escuela debería saber, con evidencia, quiénes están quedándose atrás y contar con recursos diferenciados, horarios extendidos, alimentación segura, tecnologías digitales y acompañamiento docente para recuperarlos.

Ningún estudiante debería terminar la primaria condenado a aprender menos que uno en la zona urbana o la capital. El mundo acelera; el Estado no puede seguir llegando tarde.

 2. Devuélvale prestigio a la profesión docente.

No les pidamos excelencias heroicas si el Estado no les ofrece una carrera excelente. La docencia no es heroísmo, es profesionalismo.

La carrera docente hoy parece una suma de piezas sueltas. Conviértala en una trayectoria. Articule en un solo sistema la formación inicial de los Institutos Pedagógicos, abandonar los contratos temporales por la atracción a la carrera pública, la formación continua en cada territorio aliando universidades, escuelas superiores y sector privado, evaluaciones que lleven a mejores compensaciones y a la diversificación profesional. El docente necesita una trayectoria completa, exigente y predecible, y ser reconocido por la sociedad como referente para la vida de nuestros hijos, que son protagonistas del cuidado, de la protección y de la inspiración ciudadana.

 3. Invierta en darle dignidad a las escuelas.

La infraestructura no es cemento. Es dignidad.

Colegios de excelencia y del talento son positivos, claro, pero empiece por donde más duele la indiferencia: agua, desagüe, alimentación, conectividad y salud. Inicie una estrategia de aceleración del saneamiento físico-legal de los terrenos escolares. Una escuela cuyo terreno está regularizado deja de ser propiedad de un ministerio lejano y puede convertirse en un proyecto cooperativo del sector privado y toda la comunidad.

 4. Proteja las escuelas como espacios seguros

Una escuela insegura deja de ser una escuela para exhibirse como una amenaza más.

Convierta la protección de niñas, niños y adolescentes en una política compartida entre Educación y otros sectores, Interior, Ministerio Público, gobiernos locales y familias. La salud emocional y mental de nuestra adolescencia es un ancla trascendental del carácter, empatía y estabilidad de sus futuros. La violencia ya no está fuera del colegio; está dentro de sus familias, dentro de ellos mismos, y espera todos los días a la hora de entrada con los estudiantes.

 5. Conecte la educación superior con el futuro de los jóvenes

El diseño de un Ministerio actualizado al Perú de hoy ya está aprobado, pero no se ha tenido el coraje de implementarlo. Cree por fin el Viceministerio de Educación Superior, la autoridad que articule las trayectorias y los tránsitos entre la educación Técnica, Tecnológica, Pedagógica y Universitaria, que conduzca con liderazgo sólido un sistema de aseguramiento de la calidad con una Sunedu autónoma de sus supervisados, y con una rectoría capaz de planificar la oferta educativa pública según las necesidades productivas de los territorios y sus economías, no según las presiones políticas del Congreso. Renueve por todo lo alto una estrategia de becas y crédito educativos que devuelva esperanza de estudios superiores a los que se lo han trazado. La educación superior debe responder al país que queremos construir, no al siguiente ciclo electoral.

 6. Una al Estado educador.

El Ministerio de Educación no educa solo. Hay más instancias públicas y privadas haciendo educación, pero no las reconocemos así.

Cada año el Estado invierte miles de millones formando personas desde otros sectores: hospitales, centros de innovación tecnológica, capacitación laboral, programas de autonomía económica, educación técnico-productiva, formación de jueces, policías y servidores públicos. Nadie los articula. Cree un Sistema Nacional de Educación de Jóvenes y Adultos que convierta esa suma de esfuerzos en una política de capital humano para la competitividad y la descentralización real de capacidades.

La educación es un vehículo para una ciudadanía que recupere el valor de la democracia y la justicia, que abrace una historia con memoria común, que reconcilie con dignidad y sin impunidad. De ese tamaño es la responsabilidad de un Estado educador.

 7. Escuche antes de decidir con expertos.

Gobernar es escuchar.

No convoque otra comisión de expertos si no es para un diálogo abierto y nacional donde docentes, familias, empresarios, sindicatos, investigadores y autoridades locales construyan soluciones para cada territorio. La educación necesita menos decretos escritos en Lima y más acuerdos construidos en las provincias. El espacio ciudadano y empresarial por la educación ha crecido mucho desde los años 90 a la fecha, el país que pone la educación en la agenda ha cambiado. Convóquelos.

 La educación no necesita otro gobierno que empiece de cero. Necesita un gobierno que tenga el coraje de tomar las decisiones correctas antes que las decisiones populares.

Presidenta: el Perú ya perdió demasiadas generaciones esperando que alguien haga de la educación una prioridad y no un discurso.

No permita que la siguiente también tenga que esperar.

Jose Luis Gargurevich

Columna vertebral

Director Ejecutivo de Proética, Capítulo Peruano de Transparencia Internacional. Sociólogo. Máster en Gestión de Políticas Públicas por la UAB. Ex viceministro de Educación y ex directivo público. Presidente del Instituto para la Sociedad de la Información. Docente en la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la PUCP y en la UARM. Creo en la urgente recuperación de la democracia, un Estado de Bienestar para todos, la Educación como derecho y la República de iguales. El poder de la palabra y el diálogo puede reconstruir nuestra columna vertebral.