
Elena tenía 17 años cuando fue con una amiga a la casa de unos amigos en Cusco. Empezaron a beber y ambas fueron agredidas sexualmente. A Elena, uno de los sujetos la llevó a un cuarto, cerró la puerta y le dijo "esto te va a gustar” mientras la desnudaba para violarla. Elena denunció los hechos y, aunque en primera instancia el sujeto fue condenado, luego apeló y se le absolvió, entre otras razones, porque no se consideró que había pruebas suficientes y porque la agraviada tenía “rasgos y características en formación de una personalidad dependiente inestable”.
En Zaragoza, Sergiu N.R. fue condenado por haber violado a una compañera de colegio durante una fiesta. Cuando la violaba, le dijo frases como “ven aquí tonta” y “te va a gustar”. En Argentina, se condenó a Sergio Prados por haber violado a su hijastra desde que tenía 9 años hasta que ella cumplió 19. En su testimonio, la víctima contó que al inicio de los abusos Prados le decía siempre “esto no es malo, te va a gustar”.
Y podría seguir narrando casos de violencia y agresión contra mujeres y niñas, donde el lenguaje que utiliza el agresor es muy similar, en una suerte de falso y perverso convencimiento de que lo que hace es algo bueno para su víctima. La normalización de la violencia de género es tal que se pretende disfrazar los discursos agresivos como un chiste, cuando no solo son una expresión de machismo, sino que también pueden incluirse en los supuestos de la Ley 30364 contra la violencia hacia las mujeres.
Imposible no hacer este análisis cuando en estos días el congresista Juan Carlos Lizarzaburu ha utilizado las mismas palabras para responder un tuit de la artista Ebelin Ortiz, en el que ella expresaba su posición política. La sanción de la Comisión de Ética por las frases sexistas contra la congresista Patricia Juárez no le sirvió para reflexionar lo suficiente.
A ninguna mujer le gusta la agresión y, sobre todo, hay un marco legal que nos debe proteger de tanta impunidad. Basta ya.

El fiscal reconoció que se configuraron elementos de crímenes de lesa humanidad, pero decidió archivar el caso, a pesar de la demanda de inconstitucionalidad presentada en 2024.

La aplicación del control de convencionalidad no solo es obligatoria, sino que nos protege contra la impunidad

Desde amenazas a parejas gays hasta agresiones sexuales, distintos casos demuestran cómo la violencia se alimenta de concepciones rígidas de masculinidad.

" Con sencillez y claridad, sin gestos grandilocuentes y con la serenidad que se logra cuando se lucha por lo correcto, Navi Pillay nos recuerda que sin derechos humanos no hay paz y, sobre todo, que aún podemos tener esperanza"

"En el reciente caso Ramos Durán, la Corte ordenó al Estado que investigara las circunstancias de la muerte de la señora Ramos y sancionara a los responsables".