Abogada. Excomisionada de la CIDH
En estas semanas, se han alzado las voces de muchos señores que preguntan dónde están las feministas que no celebran la elección presidencial. Algunos, con sorna; otros, con indignación, pero todos con un absoluto desconocimiento de lo que es el feminismo, etiquetan a ONG como Manuela Ramos y Flora Tristán y exigen una celebración porque una mujer asumirá la presidencia.
Por eso, el título de esta columna lo tomo del conocido libro de Nuria Varela, quien hace un recorrido sobre el origen del movimiento feminista y su desarrollo, lo que podrá dar respuesta a este súbito interés.
Adicionalmente, me parece importante contribuir con algunos ejemplos que pueden ser de ayuda.
En Chile, Ingrid Olderock fue una de las torturadoras más crueles de la dictadura chilena, conocida por haber "entrenado" perros para violar prisioneros. En Nicaragua, Rosario Murillo mantiene la dictadura con su esposo, Daniel Ortega, que desde hace años niega derechos a la población.
¿Las feministas deberíamos celebrar y respaldar a estas mujeres que han violado derechos humanos y debilitado la democracia? Por supuesto que no. Porque lo que no es bueno para la democracia no es bueno para las mujeres.
El feminismo logró el voto femenino y la posibilidad de que mujeres como Lourdes Flores, Verónica Mendoza y Keiko Fujimori, por ejemplo, tuvieran el derecho de postular a la Presidencia. Pero de la participación de las mujeres a la representación en la defensa de nuestros derechos hay un trecho enorme.
Recordemos que el feminismo cuestiona un sistema en el que las niñas son obligadas a ser madres luego de haber sido violadas, en el que a las mujeres se les asesina con total impunidad y en el que hay cientos de mujeres esterilizadas que no encuentran justicia. Y, si una mujer respalda este orden, promueve la desigualdad y no respeta nuestros derechos, las feministas nunca lo podremos celebrar.