Gestora Cultural con más de diez años de experiencia en el diseño y ejecución de proyectos sociales, políticos y culturales en el sector público y privado. Con experiencia en docencia cultural e investigación. Actualmente, miembro del Consejo Directivo de la Asociación Civil Transparencia. Reside en Cajamarca
La riqueza de la Magnifica Humanitas, la primera encíclica del papa León XIV, radica en abordar, con una profunda humanidad y sentido de urgencia, un tema que, justamente, tiende a deshumanizar, simplificar y homogeneizar a las personas y sus procesos cotidianos cuando no hay un marco que lo regule. Advierte sobre una nueva transformación social y pone al centro la dignidad de las personas, la pluralidad de los pueblos y el valor de la cotidianidad en un tiempo que no solo camina más rápido, sino en el que las desigualdades y la concentración de poder se acrecientan.
Y aquí es donde aparece la democracia. Magnifica Humanitas no romantiza este concepto. Al contrario, invita a ejercer una democracia que mire y valore lo comunitario, lo familiar y la organización social. Incide en ser críticos y vigilantes del sistema democrático. Habla de una democracia que se pueda interpelar y que se base en la búsqueda de la verdad a la luz de los hechos. Según el Barómetro de las Américas, en 2025, solo el 18% de peruanos se encontraba satisfecho o muy satisfecho con el funcionamiento de la democracia en el país.
En el Perú, la falta de confianza hacia las instituciones y entre peruanos es un elemento crítico. El paro agrario realizado por los agricultores arroceros del norte del país, que inició en mayo, es una muestra de las demandas no atendidas de un sector, pero también un reclamo de justicia; una exhortación a que las autoridades conozcan la realidad de los pequeños y medianos productores, y una exigencia de diálogo real y genuino que no se instale solo en la emergencia. Estas personas esperan una democracia que también los alcance, con respuestas efectivas y reales.
Y, sobre ello, resalto dos aspectos que nos deja la encíclica y que este miércoles resuenan profundo para el contexto peruano. Primero, retomar la conexión. La clase política y los tomadores de decisiones deben gobernar no desde los discursos vacíos y personalistas, sino desde propuestas concretas y medibles que nazcan de una lectura real del contexto y de la investigación, y que pongan al centro a las personas, sobre todo a quienes hoy son excluidos y oprimidos. La democracia no puede ni debe ser un concepto abstracto, sino un ejercicio diario, solidario y creativo.
Segundo, el valor de lo colectivo y de la diversidad. Implica incluir el aporte de los pueblos y los grupos diversos en la reconstrucción y el desarrollo de las sociedades. Es necesario que lo colectivo deje de ser un término accesorio y aislado, y que las personas, hombres y mujeres en su diversidad, pasen de observadores a protagonistas. En el Perú, eso toma un rostro real: el de los pueblos amazónicos, cuyos defensores son asesinados y perseguidos; el de las mujeres y niñas en situación de vulnerabilidad; el de las personas migrantes, y el de las poblaciones rurales con todas sus complejidades. Magnifica Humanitas posiciona las formas organizadas de la sociedad civil y las "entidades sociales", y les recuerda su rol y contribución en la promoción del bien común, los derechos de las personas y la dignidad humana, en un trabajo compartido con el Estado y las instituciones.

Gestora Cultural con más de diez años de experiencia en el diseño y ejecución de proyectos sociales, políticos y culturales en el sector público y privado. Con experiencia en docencia cultural e investigación. Actualmente, miembro del Consejo Directivo de la Asociación Civil Transparencia. Reside en Cajamarca