Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia...

Violencia para perder, por Rosa María Palacios

Las elecciones del 12 de abril han sido limpias, transparentes y democráticas. Los perdedores se han puesto violentos y la violencia crecerá porque no hay quien los pare.

El ataque de un grupo de acoso a la casa del presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, no es un incidente marginal o aislado. No responde al espontáneo reclamo de un grupo diminuto de ciudadanos descontentos con la administración de los comicios. Si solo fuera eso, bastaría con la condena verbal y quedaría cerrado el incidente. Hay algo más, que viene de una década atrás: el fraudismo como método político. Sus actuales protagonistas en el Perú abandonan abiertamente la democracia y descienden a nuestro país a un nuevo abismo.

No es que seamos originales. Donald Trump y el asalto al Capitolio en Washington el 6 de enero de 2021 por una turba de sus partidarios son un capítulo infame en la historia de la democracia. Lo fue también el de las huestes de Bolsonaro en la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia, el 8 de enero de 2023. En el Perú, Keiko Fujimori fue renuente a saludar al vencedor en 2016 y repitió la conducta, con más virulencia, en 2021. En ambos casos, “gobernó desde el Congreso”, de acuerdo con su profética frase frente al triunfo de Kuczynski, y no se detuvo nunca, incluida la caída del poder de sus dos oponentes en segunda vuelta. Esta vez, nuevamente finalista, tiene que definir su discurso frente a López Aliaga, el hoy abanderado del fraudismo.

López Aliaga tiene un discurso falso y prepotente. No ha podido probar quiénes son los supuestos “conspiradores”. En una perorata delirante dice que “Gorriti” es el operador y que el señor que habla desde España y yo somos los voceros. Tampoco ha podido probar nada con un supuesto peritaje, salvo que los más pobres, fuera de Lima, en el área rural, no han votado por él. ¿Cuál es la sorpresa si en Ayacucho les gritaba “gente de mierda” en pleno mitin? ¿Qué quería con un discurso machista, racista y clasista? ¿Creía que con el populismo ramplón usado en Lima para atraer menesterosos iba a lograrlo fuera de la capital? Le olieron lo falso a la distancia. Perdió parte de su base de derecha porque esta prefirió a Keiko Fujimori, la que por lo menos respeta la propiedad privada y los contratos.

López Aliaga conocía, como muchos de ustedes, las cifras de todas las empresas encuestadoras serias en la semana de veda. Sabía perfectamente que no estaba en segunda vuelta, pero que le iba bien en Lima. Gritó fraude desde antes del 12 de abril, el 12 de abril y de ahí en adelante. Amenazó con sodomizar al presidente del Jurado Nacional de Elecciones, cometió sedición llamando a la insurgencia y es el que ha soltado a sus hordas callejeras, que tantos servicios le han prestado en el pasado.

Además de los ataques domiciliarios, hemos visto cómo los voceros de López Aliaga, ya sin ningún pudor mínimo, piden “golpe de Estado democrático”. Un oxímoron que debería llevar a la cárcel a quienes lo usan por conspirar para cometer sedición. Un conjunto de orates pide a la Fuerza Armada un golpe de Estado para desconocer estas elecciones. Así de básico y enloquecido. Incluso, matar a Roberto Burneo o Piero Corvetto. O a ambos. Las amenazas de muerte en redes sociales contra periodistas como yo son tantas que ya no vale la pena ni hacer el inventario. Ese es el grado de violencia de estos días en Lima, en un país que el año pasado enterró a cuatro periodistas de provincia por enfrentarse al poder corrupto.

Las elecciones del 12 de abril han sido limpias, transparentes y democráticas. Los perdedores se han puesto violentos y la violencia crecerá porque no hay quien los pare. El JNE, apuradísimo para denunciar a Corvetto, no mueve un dedo frente a la Fiscalía para denunciar desde acoso político hasta claros actos de sedición. ¿Qué pasaría si Antauro Humala dijera a Roberto Burneo, en una plaza pública, que le “va a meter su Morrocoy para hacerlo hombrecito”? ¿Qué pasaría si el candidato de Venceremos, Ronald Atencio, se rebelara contra los resultados y llamara a la “insurgencia popular” del sur peruano? ¿Qué haría la Fiscalía con los militares cercanos a Pedro Castillo si proclamaran un “golpe de Estado democrático”? ¿Qué haría el JNE si una turba de seguidores de Roberto Sánchez fuera a la casa de su presidente y pidiera que los militares lo maten como a Allende en Chile? De eso es de lo que estamos hablando.

Frente a este estado de cosas, ¿cómo se ubican los candidatos Fujimori y Sánchez? Izquierda y estado de derecho no son conceptos que en el Perú hayan ido de la mano. La bancada de Perú Libre ha sido absolutamente funcional a las leyes procrimen, a la nefasta designación del Tribunal Constitucional o a la del defensor del Pueblo. No se diga la defensa de la propiedad privada o el respeto a la libre contratación, dos derechos fundamentales que el mismo Sánchez pretende desconocer al ritmo de la arbitrariedad, como señala su plan de gobierno. Un golpe de Estado está en el ADN de cualquier “revolucionario” del siglo pasado. Digamos que a Antauro Humala, socio político de Sánchez, le gustan mucho.

Se esperaría entonces que la contrincante Fujimori saliera a defender su triunfo y a respaldar a los organismos electorales que se lo reconocen. Y, en el mejor de los casos, a revertir todo el daño que su bancada ha hecho al Estado de derecho en los últimos cinco años —desde leyes procrimen hasta abolir derechos constitucionales, como las leyes proimpunidad de graves violadores de derechos humanos— para diferenciarse de la izquierda y parecerse (algún día) a una derecha liberal. Sin embargo, ¿qué ha hecho Keiko Fujimori? Respaldar los delirios de López Aliaga con una auditoría internacional y buscarle bronca al renunciante jefe de la ONPE porque no le gusta su abogado. Habría que avisarle que Corvetto ya no es funcionario público y que no postula a nada.

Si Fujimori no deslinda con el fraudismo de los perdedores, solo hay dos motivos posibles. El primero, no cree que vaya a ganar y está haciendo los preparativos para repetir la conducta de las veces anteriores. Fujimori parece respaldar al candidato vencido, casi como si anticipara que será, por cuarta vez, la perdedora. El segundo, no ha cambiado nada, no ha aprendido nada. Sigue siendo una pésima perdedora. Que no se diga que no se le advirtió. Si no deslinda de López Aliaga y sus huestes lumpen (que ella también ha usado en el pasado para acosar), el electorado se lo hará notar el 7 de junio.

Cómo estará el mundo de loco, que los que han salido a criticar el supuesto fraude o el golpe de Estado son Rafael Rey, José Barba y Humberto Abanto. Supongo que no los acusarán de comunistas, como a mí. Veamos si Keiko Fujimori los escucha. Esta es la elección más fácil que le ha tocado. Pero puede perderla, otra vez, y será enteramente por su culpa.

Rosa María Palacios

Contracandela

Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia Comparada por laUniversidad de Texasen Austin. También ha seguido cursos en la Facultad de Humanidades, Lengua y Literatura de laPUCP. Einsenhower Fellowship y Premio Jerusalem en el 2001. Trabajó como abogada de 1990 a 1999 realizando su especialización en políticas públicas y reforma del Estado siendo consultora delBIDy delGrupo Apoyoentre otros encargos. Desde 1999 se dedica al periodismo. Ha trabajado enradio, canales de cable, ytelevisiónde señal abierta en diversos programas de corte político. Ha sido columnista semanal en varios diarios.