René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.

La factura de la fractura, por René Gastelumendi

"Nos enfrentamos ahora, mejor dicho, tomamos consciencia de nuevo y a golpes de ánforas, que somos un país fracturado hasta los huesos"

Lo advertimos en este mismo espacio: el silencio sísmico de la calle en los últimos meses no era paz, era acumulación de rabia. En mayo y julio de 2025, cuando el Congreso y el Ejecutivo vivían en su burbuja de blindajes y gollerías, señalamos que la energía de la frustración, tarde o temprano, se tendría que liberar. Hoy, viernes 17 de abril de 2026, con el conteo de la ONPE tendiendo a que Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) se posicione en la segunda vuelta, el terremoto electoral ha dejado de ser una predicción para convertirse en una amenaza.

Todo esto, por favor, al margen de las groseras irregularidades de una ONPE por lo menos chicha, que son otra discusión. ¿Cómo llegamos aquí, otra vez? Ya estábamos aquí, siempre estamos aquí, no nos hemos movido. La respuesta no está únicamente en las características de un candidato, sino en la insólita y destructiva frivolidad y cálculo de una clase política depredadora que se dedicó a incubar su propia némesis y sumergirnos en la tensión que hoy vivimos. Por cierto, en esta incubación incluyo, por supuesto, el desastre de la legislación electoral que deformaron a su conveniencia. Por eso, los 35 candidatos. Lo que estamos viendo en las actas procesadas es el "voto de castigo" en su estado más puro, una factura histórica que incluye, este 2026, en su primera línea de cobro, la sangre derramada. No se puede entender el ascenso de Sánchez sin mirar hacia atrás, hacia ese diciembre de 2022 y febrero de 2023, donde la respuesta del Estado a la protesta social fueron cincuenta muertes que la capital decidió ignorar o, peor aún, justificar vehementemente para sostener a Boluarte. Aquellos fallecidos por proyectil de arma de fuego en Ayacucho, Puno y Apurímac no fueron olvidados; fueron guardados como un nudo en la garganta que hoy se desata en las urnas. Y si prefieres no pensar en ello y, simplemente resolver tus dudas con el facilismo de llamarlos terrucos, te la pasarás dando botes dentro de tu tribu en un país que en el fondo resientes.

Pero no nos engañemos pensando que esto es nuevo. El caldo de cultivo es perenne, una fractura social y racial que, con sus matices, nos sigue dividiendo. El sur andino no solo vota por una propuesta económica; vota contra un desprecio histórico. Suena tan trillado, como no asumido. La desigualdad no es solo de ingresos, es de dignidad. Para ese Perú postergado, las elecciones se han convertido en el único espacio donde pueden ejercer una suerte de venganza simbólica, un ajuste de cuentas. Es el único día en que el sistema, que los ningunea y los reprime el resto del año, se ve obligado a escucharlos. Y su respuesta ha sido, nuevamente, un portazo en la cara de la élite limeña. El dique, algún día se va a romper y no habrá playita que nos salve si no se ofrece alternativa.

Esa fractura se manifiesta estos días con una violencia verbal asquerosa. Ante el avance de Sánchez, La nueva Lima vuelve a vomitar su peor cara: el racismo. Personajes con llegada masiva, influencers como el tal "Cristorata", por ejemplo, —quien, irónicamente, posee claros rasgos y antepasados andinos que parecen pesarle en el alma—, se dedican a "serranear" e insultar al votante de la sierra. Ese desprecio racial, ese odio al que es percibido como "diferente" pero que es la base de nuestra identidad, es el motor que alimenta la tan demagógica narrativa de la Asamblea Constituyente. Al insultar al votante, Lima solo logra ratificarle que su "venganza" en las urnas fue necesaria y justa. La Asamblea Constituyente es la “mano dura” de la izquierda radical.

El Ejecutivo de Dina Boluarte, con sus Rolex y su triplicación de sueldos, fue la gasolina perfecta. ¿Existe algo más provocador que lucir opulencia mientras se sostiene que una madre puede sobrevivir con 10 soles? Esa estafa emocional, sumada a la impunidad por los cincuenta muertos, creó el escenario ideal para que Sánchez cabalgue sobre las ruinas de la confianza. El hecho de que tres de cada cinco peruanos vean hoy a Castillo como una víctima, y no como un vil golpista, es el fracaso ético y de gestión de una coalición gobernante que nunca entendió que el Perú no termina en el control de las instituciones.

Nos enfrentamos ahora, mejor dicho, tomamos consciencia de nuevo y a golpes de ánforas, que somos un país fracturado hasta los huesos. Una segunda vuelta entre el antifujimorismo reactivado y una izquierda que promete un "reseteo" total y que incluye a Antauro Humala sería un nuevo capítulo, una nueva cobranza. Aquellos que gobernaron de espaldas al país, que ignoraron los muertos y que hoy permiten que sus voceros digitales insulten al Perú andino, son los verdaderos responsables. Invocaron al terremoto y el terremoto amenaza otra vez. La factura está sobre la mesa, y el precio es nuestra propia estabilidad democrática y económica. El sur ya empezó a cobrar las cuotas.

 

René Gastelumendi

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René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.