René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.

La derecha radical histérica: el guetto de los "puros", por René Gastelumendi

Una facción del ecosistema político peruano ha decidido que la derecha es un club privado de ideas conservadoras, excluyendo a liberales y moderados del debate público. Esta postura restrictiva podría generar un efecto negativo en el electorado.

Existe en nuestro ecosistema político una facción que ha decidido que la derecha no es un conjunto de ideas, sino un club privado con derecho de admisión estricto. Para ellos, el espectro es binario: o estás alineado con el conservadurismo más rancio y los liderazgos de Keiko Fujimori o Rafael López Aliaga, o eres, por defecto, un agente del socialismo internacional. Esta obsesión por ver "rojos" debajo de cada cama no es solo una miopía intelectual; es un suicidio estratégico y una profunda incoherencia.

El problema de este atrincheramiento es que confunde la estridencia y la barra brava con la convicción. Al arrogarse el monopolio de la derecha, estos grupos expulsan del debate a liberales y moderados, tachándolos de "caviares" o "tibios". Adictos a las cámaras de eco de sus chats familiares, de la promoción del colegio o la universidad, nos embuten reels con datos sin comprobar que refuerzan sus posturas tribales de propuestas sin ningún tipo de organicidad que nos trate como ciudadanos y no como emprendedores e informales sobrevivientes a merced de la desregulación. Con tanta histeria e incontinencia ideológica, generan un efecto tapón: impiden sistemáticamente el surgimiento de otras derechas —más modernas, técnicas y dialogantes— que podrían conectar con ese electorado peruano que hoy se siente huérfano. Prefieren ser los dueños de un cementerio ideológico antes que permitir una renovación que les quite el micrófono.

Sin embargo, mientras reparten carnés de patriotismo en redes, en el Congreso actúan con impunidad alarmante. Dicen defender el modelo económico, pero son tan funcionales a la destrucción que han permitido un pacto que le otorga capacidad de gasto al Parlamento, erosionando el equilibrio fiscal que tanto dicen proteger. Es de una ingenuidad —o una desfachatez— suicida. Al romper la regla de que el Congreso no tiene iniciativa de gasto para alimentar apetitos populistas, están destruyendo el pilar de la responsabilidad económica y pavimentando la autopista para que el próximo radical de izquierda encuentre un Estado con las defensas bajas.

Y aquí viene lo más grave: ni siquiera el sagrado Julio Velarde puede salvarnos de esto. Muchos en la derecha se relajan pensando que, mientras Velarde esté en el BCRP, el edificio se mantendrá en pie. Error. El Banco Central puede controlar la inflación, pero no puede hacer magia frente a un Congreso que decide gastar lo que no tiene. Si el Legislativo rompe la disciplina fiscal a través de este "pacto mafioso", ni el técnico más brillante del mundo podrá evitar el naufragio. La autonomía del MEF ha sido anulada por tres factores críticos. Primero, el Tribunal Constitucional permitió al Congreso crear gasto mediante una interpretación laxa del artículo 79. Segundo, el Parlamento convirtió la insistencia en su vía ordinaria, aprobando leyes con un costo de S/35 mil millones anuales ignorando al Ejecutivo. Finalmente, la Ley 32448 flexibilizó el anclaje fiscal en negociaciones colectivas. El resultado es un sistema sin frenos técnicos donde la deuda pública proyecta niveles insostenibles y la derecha radical sigue viendo hoces y martillos dónde no debe.

La verdadera izquierda no le teme a la derecha que grita "comunismo" a todo lo que se mueve; a esa izquierda le divierte. Le resulta funcional porque sabe que ese ruido espanta al ciudadano de a pie. Cada vez que esta derecha etiqueta de "rojo" a un técnico liberal mientras vota de la mano con facciones oscuras para reventar el presupuesto, pierde toda autoridad moral.

A lo que la izquierda realmente le teme es a una derecha inteligente, no a los trogloditas que insultan o a las dinastías que se atribuyen hasta la eternidad la solución de los problemas existencias: pena de muerte, pena de muerte, mano dura, retiro de la corte, retiro de la corte, militares militares…. Una derecha que no necesite un examen de pureza para aceptar que la libertad incluye tanto la apertura económica como el respeto a la pluralidad y la cultura. El Perú necesita una derecha que sepa gestionar y que deje de ser el mejor jefe de campaña de sus adversarios. Si siguen prefiriendo tener la razón en su gueto antes que ser una alternativa seria para la mayoría, seguirán siendo los eternos espectadores del triunfo de aquellos a quienes, supuestamente, juraron combatir.

 

René Gastelumendi

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