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El rol de las Humanidades Digitales en la transformación de los museos, por Cecilia Pardo Grau

Para la columnista, el humanista digital desempeña un papel clave en la recuperación del patrimonio mediante tecnologías como el escaneo 3D, además de liderar exposiciones virtuales que conectan a los museos con el público más allá de sus muros.

*Cecilia Pardo Grau, profesora de Humanidades Digitales de la Universidad del Pacífico

En el contexto actual, donde las humanidades digitales están transformando las industrias culturales y creativas, el museo constituye uno de los escenarios más visibles de esa transformación. En el siglo XXI, el museo deja de ser una vitrina para convertirse en un espacio de encuentro democrático, donde el foco no radica únicamente en la conservación y puesta en valor del patrimonio, sino en quién lo interpreta y cómo lo usa. 

Allí, el humanista digital lidera procesos decisivos que redefinen la función a futuro de estas instituciones. Un ejemplo temprano en el Perú fue el Museo Larco, que a inicios de los años 2000 emprendió la digitalización de sus colecciones con apoyo de la Fundación Telefónica, abriendo repositorios completos y poniendo a disposición objetos nunca antes exhibidos. Este paso marcó el tránsito de páginas web estáticas hacia plataformas dinámicas con decenas de miles de imágenes accesibles para fines educativos, de investigación o entretenimiento. Así, el museo deja de ser un guardián distante para convertirse en un facilitador de conocimiento.

Sin embargo, esta apertura plantea nuevos debates sobre el uso libre de las imágenes, cuestión frente a la cual instituciones como el Metropolitan Museum of Art de Nueva York han dado un giro decisivo al liberar sus archivos digitales en alta resolución sin restricciones de derechos. El caso del museo muestra cómo el humanista digital, responsable de liderar la innovación tecnológica en un ámbito que por mucho tiempo privilegiaba la conservación, impulsa cambios profundos en la cultura. Este es solo uno de los muchos campos donde su disciplina redefine prácticas y amplía horizontes en la sociedad contemporánea.

Otro frente en el que el humanista digital asume un rol clave, y en línea con la descolonización de los museos, aborda el álgido debate sobre el retorno físico de piezas arqueológicas a sus lugares de origen. Un caso que resuena en el mundo entero es, por ejemplo, el de los mármoles del Partenón; mientras que Grecia reclama su devolución, el Museo Británico se aferra a su custodia ante una ley que lo prohíbe.

En el Perú, conocemos bien esta problemática con el retorno de los hallazgos de Machu Picchu desde la Universidad de Yale, que marcó un hito histórico de repatriación. Ante las discusiones que no alcanzan consenso, el humanista digital lidera las conversaciones sobre las posibilidades diplomáticas que existen mediante el uso de tecnología: la de la restitución simbólica. Hoy en día, el escaneo 3D y la fotogrametría permiten generar modelos digitales exactos de objetos, que brindan la oportunidad a las comunidades de recuperar, al menos digitalmente, la posesión de su patrimonio.

Finalmente, el humanista digital asume un tercer frente estratégico al liderar la conceptualización y diseño de exposiciones virtuales, una de las tendencias más potentes de su disciplina. Ante el desafío de la pandemia, este profesional fue quien impulsó a los museos a trascender sus muros físicos, gestionando contenidos en entornos digitales que permitieron mantener vivo el vínculo con el público. 

En el Perú, la exposición de Khipus, que tuve a mi cargo como curadora en el Museo de Arte de Lima (MALI), constituye un buen ejemplo. Tras un gran esfuerzo de producción, el proyecto se vio afectado por las restricciones de aforo, por lo que el recorrido 360 sirvió para llevar la muestra a quienes no podían visitarla.

No obstante, pasada la emergencia, surge la pregunta: ¿tiene sentido replicar el espacio del museo en un entorno digital? El humanista digital advierte que una exposición virtual no debe ser una réplica exacta en la virtualidad, sino una narrativa expandida que aproveche la interactividad para contar lo que la presencialidad no permite. Y claro, debe existir una alerta constante sobre los soportes tecnológicos que hacen posible esta experiencia, pues tienden a volverse obsoletos con rapidez.

El humanista digital no solo gestiona herramientas tecnológicas, sino que redefine nuestra relación con los objetos y el patrimonio. Su labor garantiza que el legado trascienda el espacio físico del museo, asegurando su relevancia en la sociedad contemporánea.