
Colabora Celeste Cambria Rosset. Antropóloga y especialista en salud pública.
El Día Internacional de la Mujer se conmemora cada 8 de marzo como una fecha para recordar las luchas históricas por la igualdad y los derechos de las mujeres. Sin embargo, en el contexto actual esta fecha adquiere un significado particular, marcado por señales de retroceso en distintos países y por el avance de discursos conservadores que cuestionan derechos que parecían ya consolidados.
A nivel internacional, el fortalecimiento de movimientos conservadores y de ultraderecha ha generado una reacción contra las agendas de igualdad de género. En varios países se han impulsado iniciativas para restringir derechos sexuales y reproductivos, debilitar la educación sexual integral o cuestionar políticas destinadas a prevenir la violencia contra las mujeres. Estas tendencias forman parte de una reacción organizada frente a los avances logrados en las últimas décadas por los movimientos feministas.
El Perú no es ajeno a este escenario. En los últimos años se ha instalado un clima político más hostil hacia el enfoque de género y hacia las políticas públicas orientadas a la igualdad. Propuestas para limitar la educación sexual integral, cuestionamientos a instituciones encargadas de promover la igualdad y debates legislativos que buscan restringir derechos reflejan un contexto de disputa sobre el rumbo de estas políticas.
Todas estas tensiones ocurren en un país donde la violencia contra las mujeres sigue siendo una grave problemática social. Cada año se registran feminicidios y miles de denuncias por violencia física, psicológica y sexual, lo que evidencia la necesidad de fortalecer —y no debilitar— las políticas de prevención y atención.
En este contexto, el 8 de marzo no es solo una conmemoración simbólica. Es también un recordatorio de que los derechos conquistados han sido fruto de luchas colectivas y que su defensa sigue siendo una tarea permanente para la democracia y los derechos humanos. ¡PORQUE JUNTAS NUESTRA VOZ ES MÁS FUERTE!

La experta en Salud Pública, Magaly Blas, reflexiona sobre su experiencia como candidata a regidora en Lima Metropolitana y el rol de los científicos en la política.

El 97% de los encuestados considera a Keiko Fujimori la figura más poderosa, mientras el miedo por la inseguridad continúa afectando la vida cotidiana.

Es imperativo derogar la ley del silencio electoral, ya que su vigencia perjudica la democracia y las decisiones de los votantes en un contexto de información limitada.

Keiko Fujimori, en su discurso ante la ONU, defendió a quienes cometieron crímenes bajo el pretexto de la lucha antiterrorista, descalificando la labor de justicia.

Preocupa el debilitamiento de políticas que abordan estas problemáticas.