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Lo que duele cuando hablamos de violencia sexual, por Las Tejedoras

Cuando el reto es fortalecer esa tarea, se aprueba la Ley 32535, que elimina el enfoque de género de las políticas públicas y reemplaza la ESI por una educación sexual reducida a lo biológico

*Por Patricia Andrade Pacora, especialista en políticas educativas. Exviceministra de Gestión Pedagógica en el Ministerio de Educación del Perú.

Una joven de 22 años denuncia haber sido agredida sexualmente por tres futbolistas en Montevideo. Mientras la justicia investiga, en redes se repiten frases que la culpan y minimizan el hecho: “¿Qué hacía en la habitación?”, “si fuera verdad habría denunciado ahí mismo”, “quiere plata y fama”. No solo se duda de su palabra; se la responsabiliza por lo que le hicieron y el foco se desplaza al escándalo, no al daño.

Estos discursos no aparecen de la nada. Expresan una sociedad que sigue tolerando la violencia sexual; tolerancia que se sostiene en creencias arraigadas: que los hombres “no se pueden controlar”, que si una mujer acepta una invitación, bebe o está sola “algo habrá querido”, que la culpa está en cómo se viste o se comporta. Preguntas como “¿cómo estaba vestida?” o “¿qué hacía tan tarde sola?” trasladan la responsabilidad a la víctima y desalientan a otras mujeres a denunciar.

La Educación Sexual Integral (ESI) y el enfoque de género sirven justamente para desmontar estos guiones: mostrar que la sexualidad humana no es solo biología, sino también normas, relaciones y ejercicio de poder. La escuela no es solo el lugar donde se aprende matemática; es donde niñas, niños y adolescentes hablan de consentimiento, reconocen la violencia y aprenden a pedir ayuda.

Cuando el reto es fortalecer esa tarea, se aprueba la Ley 32535, que elimina el enfoque de género de las políticas públicas y reemplaza la ESI por una educación sexual reducida a lo biológico. Así, la escuela queda desarmada para abordar estos temas, justo cuando más debería ayudar a leer críticamente casos como el de Montevideo.

Lo que está en juego es el tipo de sociedad que queremos construir. Sin una educación que cuestione estas creencias, seguiremos escuchando las mismas frases cada vez que alguien se atreva a denunciar, y la escuela renunciará a su rol transformador.


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Colectivo de mujeres diversas, desde diferentes trayectorias, tendencias políticas, territorios y experiencias, que se levantan en voz unida con el objetivo común de rehabilitar la esperanza en la construcción del país. Se comprometen y convocan a un diálogo abierto, y a tejer lazos para contribuir a un proyecto democrático que impidan que el autoritarismo y la corrupción se apoderen de las instituciones.