Politóloga
Transmitir alguna alegría y expectativa podría ser una buena tarea para los candidatos en el marco de la violencia que comienza a presentarse con cada vez más frecuencia en los itinerarios electorales. ¿Qué pasará si, como todo parece indicar, tenemos un resultado muy ajustado en la segunda vuelta? No es difícil anticipar nuevamente voces de fraude, lo que restará legitimidad a una democracia ya golpeada. Es más necesario que nunca que todo el proceso sea impecable.
Es fundamental evitar actitudes verticales y paternalistas que pretendan “enseñar” o deslegitimar las decisiones de voto, sobre todo en las regiones, y más aún en zonas rurales. Tales posturas, frecuentes desde Lima, ignoran la autonomía del elector y reproducen brechas históricas. Recuérdese cómo, en los primeros intentos de vacancia contra Pedro Castillo en 2021, sectores de la izquierda intelectual terminaron coincidiendo —de manera paradójica— con el fujimorismo y el conservadurismo más duro al rechazar una expresión popular que no encajaba en sus esquemas previos. Respetar el voto regional sin condescendencia es esencial para fortalecer la democracia en un contexto de alta desconfianza.
En este panorama de alta fragmentación —con más de 30 candidatos presidenciales y ningún aspirante que supere cómodamente el 15 % en las encuestas—, los discursos polarizantes o maximalistas corren el riesgo de profundizar la desconfianza ciudadana. Los candidatos que logren captar a los indecisos no solo necesitarán propuestas concretas en empleo, seguridad y lucha contra la corrupción, sino también un tono que construya puentes en lugar de muros. Transmitir esperanza realista, sin promesas irrealizables, podría ser el factor decisivo en una ciudadanía cansada de crisis recurrentes y más interesada en resultados tangibles que en consignas.
La conformación del Senado, con sus 60 miembros (30 elegidos a nivel nacional y 30 por distritos electorales), será determinante para la estabilidad del próximo gobierno. Al tener la última palabra en la aprobación de leyes ordinarias y orgánicas, en la designación de altas autoridades y al ser la única cámara inmune a la disolución presidencial, su mayoría definirá si el Ejecutivo cuenta con contrapesos efectivos o con bloqueos permanentes. Por ello, más allá de la elección presidencial, el voto congresal —especialmente al Senado— adquiere una relevancia estratégica que no siempre recibe la atención mediática suficiente, pero que marcará el rumbo político del país por los próximos cinco años.