
Abundan las evidencias respecto al deterioro de la calidad, pertinencia y equidad de la educación básica obligatoria en nuestro país. ¿O no es alarmante que un 70% de niñas y niños no comprendan lo que leen ni resuelvan problemas matemáticos básicos después de seis años en la educación primaria (ENLA, 2024) y que solo un 51.37% de jóvenes entre los 15 y 29 años concluyan la secundaria? (DVV International, 2024).
Niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos no aprenden durante su educación básica a pensar con autonomía, a autorregular sus emociones, a enfrentar las injusticias. Esta tampoco despierta su interés por participar en la búsqueda de soluciones éticas y sostenibles a los desafíos del planeta, ni les enseña a distinguir entre la verdad y la falsedad, entre otras competencias básicas, afectando así su futuro personal y laboral y su contribución a la sociedad.
¿Qué acciones urgentes deberíamos exigir al próximo gobierno para frenar este manifiesto deterioro de la calidad de la educación básica?
*Participa María Amelia Palacios, Presidenta de la Asociación Civil Foro Educativo.

El bienestar socioemocional exige docentes preparados y acceso oportuno a la atención psicológica.

Los retos de la infraestructura educativa en el Perú van más allá de la falta de colegios e implican un cuestionamiento profundo sobre los espacios de aprendizaje.

Se propone una Ley de Educación para Personas Jóvenes y Adultas que unifique esfuerzos educativos, que promueva una educación de calidad y pertinente.

Los sistemas educativos enfrentan el reto de adaptarse a las demandas del siglo XXI, pero siguen centrados en el control burocrático en lugar de en la gestión pedagógica.

Más de 26 mil instituciones educativas ofrecen EIB, pero enfrentan serias carencias. La consulta previa sobre la Política Nacional de EIB carece de participación indígena, crucial para fortalecer su identidad cultural.