Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero...
La familia de mineros ilegales desapareció, con autos lujosos y todo, de su casa en Trujillo antes de sufrir un atentado hace un par de días. ¿Quiénes colocaron el explosivo sabían que la casa ya estaba vacía? ¿O lo sabían, pero no les importaba? Los vecinos ya sabían de la mudanza. En todo caso, no hay víctimas, solo titulares de medios y redes en este clásico episodio terrorista.
La versión estándar que se nos entrega en este tipo de atentados es que se trata de la lucha entre bandas criminales. No solo mineros ilegales, sino también extorsionadores, narcos y otros. La pluribanda. Se supone que en muchos casos las bandas se están peleando territorios, es decir, personas trujillanas a las cuales extorsionar, volver adictas o simplemente poner a su servicio.
Pero la táctica del explosivo en la puerta parece ser más sofisticada que una bronca de cantina, algo más bullanguera. Tiene todas las trazas del terrorismo clásico: demostrar fuerza militar, asustar a la población, poner a prueba los recursos y las habilidades policiales. Cuesta trabajo pensar que cada atentado sea de una banda diferente. En todo caso, la ideología es la misma.
Algo ha cambiado en este tema con el paso del tiempo. Los atentados comenzaron localizados sobre todo en el terreno de la actividad minera, en algo así como ilegales contra legales. Hoy se habla más bien de terrorismo urbano. Como si estos delincuentes hubieran trasladado sus fechorías, valga el símil, del campo a la ciudad, donde acaso se sienten menos expuestos.
Volviendo a nuestro párrafo inicial, ¿cómo se llama la familia que dejó tan oportunamente su domicilio? ¿Se sabían acechados? ¿Por qué estos sencillos datos están demorando tanto en llegar a los medios? Las explosiones también parecen servir para distraer de lo sustantivo en la actividad criminal. Por ejemplo, a César Acuña, gobernador, lo han distraído completamente.
También es notable la facilidad con que parecen haber sido capturados quienes cometieron el incruento atentado. Da la impresión de que en las investigaciones policiales de este tipo de delitos cada vez hay una mayor escasez de nombres propios y de datos relevantes. La foto, generalmente en camiseta vieja y sucia, no basta. Más suele encontrar el periodismo investigativo.

Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco X. Cero Facebook. Cero Instagram, cero TikTok. Poemario más reciente: Chifa de Lambayeque (Lima, Personaje Secundario, 2024). Próximo poemario será la quinta edición de Sobrevivir. Acaba de reeditar el poemario Los asesinos de la Última Hora (Lima, Cepo para Nutria, 2025).