
Por Omar Manky, investigador del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP)
La escena ya no es ciencia ficción. Una abogada termina de revisar un contrato. Un par de días después envía la factura junto a una nota escueta: "Todo en orden". Lo notable es que el cliente ya había firmado ese documento, generado por una inteligencia artificial (IA) en apenas quince minutos. La abogada factura por supervisar, no por redactar desde cero.
Un nuevo rostro del mundo laboral. Desarrolladores de software experimentados prefieren colaborar con IA porque produce códigos más limpios y rápidos que un programador junior. Se comienza a cuestionar el modelo de cobro por horas de los estudios legales, ahora que la revisión de contratos, una tarea que consumía cientos de horas de jóvenes asistentes, puede resumirse a minutos gracias a la tecnología. Algunos colegas míos se encuentran buscando nuevas tareas para sus asistentes junior, cuyos antiguos trabajos –resumir textos, clasificar datos, incluso realizar análisis estadísticos básicos– ahora pueden realizarse casi instantáneamente.
El impacto, aunque incipiente a nivel local, sigue una tendencia que parece clara. En grandes firmas legales, la estructura sostenida por el trabajo repetitivo de los abogados junior, parece tambalear. JPMorgan, planea ahorrar 360,000 horas de trabajo humano de revisión de contratos en una tarea de segundos mediante IA. La precisión también mejora: un abogado experimentado detecta riesgos con un 85% de acierto, mientras que ciertas IA alcanzan el 94%. En el ámbito académico, ya se no dedican horas a muchas tareas mecánicas; las máquinas lo hacen mejor, más rápido y sin costo aparente. Muchos observamos este cambio desde una posición privilegiada y contradictoria: enseñamos a estudiantes habilidades que podrían ser obsoletas cuando se gradúen, mientras que uno mismo utiliza estas herramientas para mejorar su productividad.
Esto nos podría llevar a una paradoja estructural: necesitamos más expertos para supervisar y guiar a máquinas inteligentes, pero aún limitadas, pero estas erosionan el camino que solía seguirse para formar expertos. Un estudiante mío recientemente me confesó que usaba ChatGPT para redactar sus primeros borradores, y luego los "humanizaba" con su voz. ¿Está saltándose un aprendizaje esencial o simplemente adaptándose antes que nosotros? ¿Cómo aprenderán las nuevas generaciones si desaparecen estas tareas básicas? ¿Cómo desarrollar el juicio crítico necesario para validar resultados generados si todo lo leído es producido por IAs?
Así, la viabilidad a largo plazo de las trayectorias profesionales, al menos tal como las conocíamos, quedaría en entredicho. Algunas organizaciones ensayan estrategias adaptativas, aunque sin duda el camino será complicado, lleno de errores. En las grietas, podemos vislumbrar posibles reconfiguraciones: abogados dedicando menos tiempo a la burocracia documental y más a la negociación estratégica; desarrolladores centrados en arquitecturas innovadoras en lugar de código repetitivo; investigadores concentrados en análisis sustantivos y útiles para la sociedad.
Pero no hay garantía de que esta transición resulte en estructuras laborales más equitativas o humanizadas. Más bien, es probable que entremos pronto a un periodo complicado de transición, donde quienes ya controlan recursos y tecnología amplíen aún más su ventaja, dejando atrás a los que apenas comienzan a prepararse para este nuevo escenario. ¿Estamos preparando a nuestros estudiantes para navegar esta transición o equipándolos para un mundo que no existirá cuando se gradúen? Mientras nuestras autoridades políticas se distraen en escándalos diarios y algunos rectores celebran la ausencia de controles universitarios, la ola tecnológica avanza silenciosamente, poniendo en jaque profesiones enteras sin políticas que gestionen una transformación inevitable.

La propuesta de retirar los huacos eróticos de los espacios públicos carece de sustento científico.

“La belleza también atraviesa mi investigación como un ideal social que condiciona cómo nos percibimos y somos percibidos. Responder a determinados estándares puede abrir puertas, pero también generar prejuicios y encasillamientos. Al utilizar mi cuerpo como medio de expresión, mi obra corre el riesgo de ser interpretada únicamente desde la apariencia, sin atender a los cuestionamientos que plantea. La belleza puede atraer la mirada, pero también limitar lo que somos capaces de ver”.

"Brasil sigue siendo una potencia regional con un importante potencial para asumir un papel más protagónico en el sistema internacional, por lo que el Perú debería apostar por una relación basada en el pragmatismo y los intereses compartidos"

La exhibición reúne a un grupo de creadores con base en ambas ciudades -la mayoría provenientes del ámbito fotográfico, y otros identificados con medios más disímiles- que nos presentan proyectos que se detienen a analizar la alteración de estos dos territorios, irrumpiendo no solo en el paisaje de la ciudad, sino también en el paisaje suburbano, y sus dinámicas socioculturales.

Aunque no hay consenso para una nueva reforma constitucional, el licenciado en Derecho sugiere potenciar conferencias bicamerales para manejar discrepancias y mejorar el proceso legislativo. Esto podría restaurar la integridad del sistema.