La Navidad que esperamos
Los saludos oficiales no guardan relación con la realidad que viven los peruanos.

La incongruencia parece acompañar a los saludos que se formulan desde los cargos oficiales. Vemos a la presidenta Boluarte de blanco paz al pie de una chimenea y a un alcalde de Lima en corso brillante con Papá Noel y juguetes.
Claro que son símbolos del día tan especial que hoy se celebra. Es Navidad en el mundo. Y deseamos que reine la paz y que los niños sean bendecidos con regalos y que alrededor de las mesas de la Nochebuena las familias se reúnan y celebren el día tan especial.
Pero tendremos hogares que extrañaran a un ser querido. Algunos de ellos son los hijos, esposos o hermanos que cayeron abatidos por las balas hace un año. Aún para ellos no hay justicia y la pena de la ausencia no tendrá la resignación que da el saber que se ha sancionado al responsable.
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La inseguridad ciudadana sigue cobrando víctimas y la amenaza contra la vida y salud de las personas está a la vuelta de la esquina, en un abarrotado centro comercial o en las calles, abandonadas a su suerte. Es también el temor por las niñas y adolescentes que carecen de protección estatal y han conocido muy jóvenes que el mundo puede ser un lugar despiadado.
Es el tiempo de pensar en los jóvenes que están emigrando por falta de oportunidades. En ellos, a quienes se les obliga a marchar en busca de mejores destinos, sin violencia, sin amenazas, sin la incertidumbre del día siguiente.
La celebración oficial parece alejada de la realidad porque no asimila esa desazón que nos invade y que nos impulsa a pensar en el 2024 y esperar tiempos mejores. El Perú sería otro con autoridades que cumplieran sus promesas. Para empezar, lo ofrecido hace un año para recuperar Lima. Hoy que el caos y el desgobierno parecen haber tomado la ciudad, lograr lo ofrecido por Rafael López Aliaga parece imposible.
En el caso de la señora Boluarte, el señor Otárola y los congresistas, si en vez de pensar en sus particulares intereses, hubieran escuchado al país, la agenda pública se hubiera enriquecido y atendido a los reclamos de los peruanos. Por el contrario, se insiste en seguir debilitando la institucionalidad y socavando la democracia.
Son tiempos complicados, difíciles para muchos. El espíritu de los peruanos, sin embargo, prevalecerá y se impondrá ante el infortunio. Siempre lo ha hecho.
Feliz Navidad.








