Opinión

La otra Moyano

“Si hoy estuviera viva, María Elena hubiera estado en las antípodas políticas de su hermana fujimorista...”.

Espinoza
Espinoza

Por: Maritza Espinoza

La única razón por la que Martha Moyano, la congresista para quien la comodidad personal es tan importante que se ha gastado casi medio millón de soles (de nuestros impuestos) en arreglar su ducha privada y su parking exclusivo en el Congreso, fue reclutada por el fujimorismo era la conveniente circunstancia de que era hermana de una luchadora social asesinada por Sendero Luminoso.

Lo que muchos no recuerdan es que esa hermana era María Elena Moyano, activista social que enfrentó a la insania terrorista desde las trincheras de la izquierda (militó en el Partido Unificado Mariateguista y llegó a ser vicealcaldesa de Villa El Salvador por Izquierda Unida), cuyos líderes solían ser blanco favorito de los ataques senderistas porque los consideraban “traidores” a la causa demencial del ‘Camarada Gonzalo’.

Es decir, si hoy estuviera viva, María Elena hubiera estado en las antípodas políticas de su hermana fujimorista y no hay que ser videntes para prever que, de haber seguido en política, hubiera sido terruqueada a diestra y siniestra por los mismos que hoy son los compañeros de bancada de Martha, fieles seguidores de la ‘Señora K’.

Pero no es solo por su posición política que María Elena estaría bien lejos de su hermana, sino porque, según quienes la conocieron de cerca, era un modelo de austeridad. No podía ser de otro modo, por su trayectoria y por su trabajo como dirigente del club de madres Micaela Bastidas. De hecho, la pollada en la que murió acribillada por un comando de aniquilamiento senderista era el único “lujo” que se permitían los habitantes de Villa El Salvador de cuando en cuando.

Más allá de ucronías y comparaciones odiosas, sorprende la diferencia entre estas dos mujeres que nacieron en el mismo hogar, pero tomaron rumbos tan diferentes. Una, a los 33 años y tras una vida de lucha por los más pobres, fue castigada con una muerte horrenda. La otra, por el solo hecho de apellidarse Moyano, fue premiada con sueldazos, lujos y comodidades pagadas con nuestros impuestos. Qué injusta suele ser la vida.

google iconPrefiero a La República en Google