Ríos, quebradas... y salud mental
“Una presencia de escucha que no juzga: ¿por qué siguen construyendo en los cauces de los huaicos? revela flojera de pensar, revictimización y desprecio”.

Por: Jorge Bruce
El Dr. Elmer Huerta ha enfatizado en RPP la estrecha vinculación entre la actual oleada de desastres naturales con la salud mental. Vamos a enfocarnos en la manera devastadora en que esta catástrofe impacta en nuestra psique.
La magnitud destructiva de las fuerzas de la naturaleza, cuyas imágenes aterradoras todos hemos visto a través de una pantalla o de manera presencial, nos lleva a concentrarnos en la pérdida de vidas humanas, así como aquella de viviendas, caminos, sembríos, etcétera.
Nuestra primera preocupación está, por ende, referida a los aspectos materiales. Desde la salud física hasta el colapso de lo que, en muchas ocasiones, es el trabajo de una vida.
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Esto a menudo encubre la erosión de nuestras defensas psíquicas. Las personas directamente afectadas –que suelen ser las más desprotegidas económicamente– son víctimas de impactos traumáticos de consecuencias imprevisibles y duraderas. Imaginen por un instante que una de esas casas desmoronándose por la fuerza incontenible de un huaico fuera la nuestra.
Ahora procuren, en ese ejercicio de identificación y empatía, de sentir lo que siente esa familia o grupo de personas. Es virtualmente imposible colocarse en ese lugar. El motivo es que nuestra psique se niega a ir a ese páramo, en donde la gente se sume en el desamparo, la incomprensión, la imposibilidad de pensar en lo que está sucediendo.
Usando la metáfora de las ondas concéntricas de Elmer Huerta, la mayoría estamos en la segunda o tercera onda (siendo la primera la que acabo de describir someramente). Mientras más alejados nos encontremos, menos seremos capaces de experimentar lo que pasa por la mente de la persona afectada en lo más íntimo de su existencia.
Esto es precisamente lo que se requiere. Brindar un auxilio psicológico oportuno y confiable que pueda, por lo menos, paliar semejante sufrimiento. Una presencia de escucha que no juzga: ¿por qué siguen construyendo en los cauces de los huaicos? revela flojera de pensar, revictimización y desprecio.
Se requiere apoyo, consuelo. Y si es posible, curar. Sabemos que ningún régimen que haya tenido las riendas del Estado peruano ha logrado desarrollar sistemas que permitan brindar ese servicio de atención a la salud mental, un derecho humano esencial. Sin salud mental, todo el organismo se desregula.
Es indispensable, insisto, encontrar fórmulas de asistencia desde el sector privado, cuyo alcance sea considerable. Vale decir, más allá de los esfuerzos heroicos de colegas que brindan generosamente su tiempo. La responsabilidad es de toda la comunidad.







