Opinión

Congreso: suicidio de a pocos, por René Gastelumendi

"Si tienes 90% de desaprobación y menos de un (6%) peruano o peruana, por cada 10 te aprueba, estás en un muy serio problema y, si no eres consciente de ello, el problema es más grave aún. El Congreso actual es un muerto en vida, un zombie político con mucho poder, como en las películas de zombies".

Si tienes 90% de desaprobación y menos de un (6%) peruano o peruana, por cada 10 te aprueba, estás en un muy serio problema y, si no eres consciente de ello, el problema es más grave aún. El Congreso actual es un muerto en vida, un zombie político con mucho poder, como en las películas de zombies.

La ciudadanía los detesta, a tal magnitud que, hasta los aliados de la prensa afín a ciertas bancadas, van a subirse al coche de los cuestionamientos de ocasión dentro de una crisis de fondo y forma bastante más profunda.

Entonces, señor y señora congresista, si sabes que estás en el ojo de la tormenta, si sabes que la población no te va a perdonar una, si sabes, como se dice, que te tienen “hambre” y si, sabiendo eso, te quieres quedar en tu curul, no seas tan conchudo, bueno, conchudos ya son, no seas tan “poco inteligente” de contestar o de rendir cuentas haciendo gala de patanerías.

Tampoco de exponerte en playas o piscinas en horarios de trabajo, sabiendo que te van a tomar una foto y que van a hacer viral la foto porque a 9 de cada 10 personas que te rodean, salvo en tu casa o en tu local partidario, les caes mal.

Sabes que te van a criticar hasta la saciedad, no importa que tengas licencia sin goce de haber, porque de esa manera se desahoga la frustración de tenerlos de espaldas a lo que, claramente, quiere el país: que se vayan, nuevas elecciones. Mucho más perjudicial es contestar mal, pésimo, sin una pizca de empatía y comprensión de la situación.

Si cuando se cuestiona el lujo con el que se alimentan en el Congreso, dado que son funcionarios públicos, respondes una bestialidad, ya estás cometiendo suicidio. Apelar a lo de la alfalfa o a lo de la “comida de tercera” en un país con tanta hambre y tan socialmente agitado revela lo que hay en el espíritu de aquellos que se arrogan la representación de la “verdadera” democracia: totalitarismo de cuartel.

Si, además, eres presidente del Congreso y, cuando te piden explicaciones por gastos superfluos, al más puro estilo de Perú Libre, de quien decías ser diferente, apelas a la misma respuesta:

“el área administrativa es la que tiene que responder, nosotros no tenemos nada que ver”, tu mensaje es que tu labor fiscalizadora es una estafa, un arma usada a discreción, de acuerdo al cálculo político, si además ya has dicho que el sueldo no te alcanza o que el sueldo mínimo es mucha plata o la cámara de tu computadora te sorprende en la playa, con lentes oscuros, sombrero y pleno sol, has hecho todos los méritos para tener la desaprobación que tienes en un país tan emotivo como el nuestro, en donde las formas son tan importantes como el fondo.

google iconPrefiero a La República en Google