Opinión

¿Qué pasa con el cobre?, por Mirko Lauer

"A expensas de los intereses locales, el país cuprífero está produciendo precios cada vez más altos, pero que no puede aprovechar".

Dos factores están empujando hacia arriba el precio internacional del cobre, sostiene Financial Times. Uno es la crisis en el Perú, el segundo productor del metal en el mundo. Otro es la reapertura del mercado chino, ávido de materia prima, luego de los confinamientos del COVID-19. El papel del Perú en esta historia es contradictorio.

En efecto, hemos estado contribuyendo a mejorar las cotizaciones del cobre desde hace más de un año, pero eso ha sido a expensas de un creciente recorte en nuestra producción. Grandes minas como Las Bambas han estado operando de forma limitada, o incluso cerrando por presiones que han sido políticas en apariencia.

Todavía en diciembre pasado la empresa asesora Kitco predecía un aumento importante de la producción (precios más bajos), pero el Perú ha ido cambiando eso. Nuestro problema con la volatilidad del mercado es que perdemos volumen por los saboteos a la producción, y por eso mismo no nos podemos beneficiar con los precios más altos que resultan.

Los ataques a las minas en el Perú han aumentado (precios más altos). El FT hace notar que en un momento, hace meses, el cobre se recuperó hasta un poco por debajo de US$9,000 la tonelada, y que los problemas en el Perú podrían llevar eso hasta US$12,000. Todo para beneficio de los demás países exportadores del metal, como Chile y el Congo-Kinshasa.

El cerco a las mineras en el Perú no parece camino de amainar. No solo se mantiene muy activo, sino que además está asumiendo una muy inquietante nueva faceta, con la delincuencia común empezando a aprovechar los reclamos sociales en diversos sectores productivos como cómoda máscara de sus actividades. 

Desde el punto de vista de un especulador en metales, el drama peruano es de lo más conveniente. En cambio los trabajadores mineros están perdiendo puestos de trabajo, actuales y futuros, a gran velocidad. El capital está buscando lugares más tranquilos, es decir más rentables, a dónde trasladar sus inversiones.

En resumen, a expensas de los intereses locales, el país cuprífero está produciendo precios cada vez más altos, pero que no puede aprovechar. Visto así, hay algunas formas de protesta que se configuran como un claro suicidio. Uno en la minería, otro en el turismo, otro en el pequeño comercio. La lista es mucho más larga.