Opinión

El globo rojo, por Mirko Lauer

"Tal vez no había espionaje en el corazón del globo, pero sí un ánimo de provocación".

El incidente del globo chino derribado sobre el espacio aéreo de los EE. UU. todavía no se llega a entender del todo. Hay información acerca de que por lo menos tres de esos globos, o de apariencia similar, ya cruzaron los aires estadounidenses pocos años antes, sin que el Washington de Donald Trump levantara una ceja. Quizás porque nunca se informó.

A este globo no le fue tan bien. Antes de ser derribado se le declaró artefacto espía, y ahora es el tema de un incidente internacional en regla. Beijing ha dicho que se trata de un aparato esencialmente meteorológico, sin el menor propósito militar o de espionaje, que lamentablemente se ha desviado de su curso establecido.

Para los EE. UU., Beijing siempre ha sido sospechoso de espiar. Hace unos años, estalló un pánico sobre espionajes desde los teléfonos celulares que exporta China. No fue demostrado, pero tuvo consecuencias comerciales. De otra parte, es un hecho que las potencias grandes y chicas espían como pueden al mundo entero. Allí está el U-2 derribado sobre la URSS, en 1960.

Los globos aerostáticos perdieron su inocencia militar muy poco después de haber sido inventados en el siglo XVIII. Desde entonces, nunca dejaron de ser usados para recoger información cada vez más sofisticada del campo enemigo. Fueron reemplazados por la mirada desde los satélites, que pueden espiar a su regalado gusto.

Nos queda el enigma de por qué este globo molestó y los tres anteriores no. Quizás en las inmediaciones de otra crisis en torno a Taiwán, Washington necesita hacer todas las demostraciones de fuerza disponibles. En cuanto a Joe Biden, es una pequeña ficha para el chanchito de su reelección. Motivos nunca faltan para derribar un globo desconocido.

Ahora ha aparecido un segundo globo chino, sobre las alturas de América Latina, y no se sabe bien entre cuáles coordenadas. Es casi imposible que sea derribado, no solo por motivos tecnológicos (flota a unos 30 kilómetros), sino porque China es un inversionista, socio comercial y prestamista de suma importancia en casi toda la región.

Parece poco probable que un artefacto del refinamiento tecnológico del globo chino deambule por el espacio tan libre que pueda desviarse de su curso. Tal vez no había espionaje en el corazón del globo, pero sí un ánimo de provocación.