¿Por qué no nos creen?, por Raúl Tola
“Lo más triste es que, a pesar de las consecuencias, la prensa peruana no haya planteado una autocrítica y mantenga activo el proceso de su propia devastación”.

¿Por qué el público ha dejado de creer en la prensa? Un artículo de Louis Menand publicado en The New Yorker analiza este fenómeno, que no se restringe al Perú.
Menand advierte que una de las prioridades de la agenda política actual es la destrucción de la credibilidad periodística. Con su estilo chabacano, agresivo y mentiroso, confrontando a los medios convencionales, Donald Trump logró convencer a millones de estadounidenses de que lo que publicaban era falso, incluyendo el resultado de las elecciones presidenciales de 2020.
Sus procedimientos han sido copiados por toda clase de líderes mundiales. Sin duda, con sus torpezas y limitaciones, lo hizo Pedro Castillo, cuyo gobierno atacó sistemáticamente a la prensa, con Aníbal Torres como caso más bochornoso. Además, respondiendo al libreto trumpista, se fomentó la aparición de la llamada “prensa alternativa”: medios dedicados a alabar al régimen y a retorcer la realidad para generar confusión y favorecerlo.
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A este fenómeno hay que sumar la irrupción de las redes sociales. Tratándose de un negocio, los rátings e índices de lectoría siempre han sido una necesidad. Pero, al menos en teoría, estos deben convivir con la obligación de informar al público aquello que resulta impopular. Ahora que las audiencias dependen de un algoritmo que refuerza sus ideas, este principio está bajo ataque. Para triunfar en ese ecosistema, los medios se ven forzados a entregar aquello que su público quiere ver, por lo que asumen un bando.
A estas realidades universales, la prensa peruana le ha sumado una larga lista de errores que, con mayor o menor intensidad, se han venido repitiendo desde aquella segunda vuelta de 2011, en la que Keiko Fujimori enfrentó a Ollanta Humala. Las buenas prácticas periodísticas comenzaron a abandonarse por entonces, en una espiral que condujo a las últimas elecciones generales, en cuyo contexto el deber de objetividad fue olvidado y la imagen de los medios se terminó de arruinar.
Lo más triste es que, a pesar de las consecuencias, la prensa peruana no haya planteado una autocrítica y mantenga activo el proceso de su propia devastación. Este es uno de los elementos centrales de este debate, que muchos menosprecian y reducen a la ingenuidad y el idealismo. Al contrario, la credibilidad es el principal capital de cualquier medio de comunicación: perderla equivale a perder el respeto de la audiencia y, en un mundo hiperconectado, con fuentes informativas casi infinitas, a que el consumo y la facturación mermen.
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Encima, las campañas son tan burdas y poco meditadas que obtienen lo contrario que persiguen. Lourdes Flores no pasó a segunda vuelta contra Ollanta Humala. Keiko Fujimori perdió con Humala, PPK y luego Pedro Castillo. Las protestas no han mermado y el Gobierno de Dina Boluarte sigue en la incertidumbre. ¿Cuánto tuvieron que ver los operativos de la prensa en ello?














