Pedro Castillo corre como pollo sin cabeza, por Augusto Álvarez Rodrich
El colapso de la presidencia de Castillo lo pone en recta final.

Pedro Castillo recordará el 5 de abril como su día fatal en el que se aceleró la cuenta regresiva del final prematuro de su presidencia debido a que se desnudó plenamente su propia torpeza para dirigir el país, así como para rodearse de un equipo básico para organizar decisiones elementales.
Su gobierno iba mal en los primeros seis meses, por un sistema de toma de indecisiones y una plaga de contradicciones, que lo acercaban al ridículo, pero los últimos dos meses llevaron su presidencia al delirium tremens.
La decadencia empezó a fines de enero, cuando reconoció en las entrevistas, con orgullo, que no estaba preparado para gobernar, algo celebrado por la intelectualidad de izquierda como si Castillo fuese ‘el cantor de América autóctono y salvaje’ no contactado y sin contaminación del sistema.
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Y en los dos meses siguientes, Castillo demostró que, en efecto, no estaba preparado, al nombrar al gabinete brevísimo de Héctor Valer y, luego, al peor de todos, el de ese saltimbanqui alocado que es el premier Aníbal Torres.
El suicidio político online que Castillo inició el 24 de enero en CNN lo culminó en TV Perú el 5 de abril al anunciar a medianoche un toque de queda con dos horas de anticipación, indignando a la gente para tomar las calles de la capital y decirle al presidente que no lo respeta y se justifica desobedecerlo.
La comparsa fue un ministro de defensa que saludó que solo hubiera cuatro muertos, un ministro de justicia que dijo que nadie muere por no comer un día, y un locuaz premier para quien el problema es una policía deficiente.
Pero pensar que cambiar de gabinete ayudaría, como se planea hoy en palacio, ya no sirve: nadie capaz aceptaría ser ministro de este manicomio, y ya se perdió la esperanza de que Castillo pueda elegir un buen equipo.
Pues el problema es Castillo. Sus desatinos han hecho crecer en el país la convicción de que él debe irse lo antes posible, acaso contando mal la historia del niño que llevaba un pollo a la espalda y que nadie entendió, pero que ahora puede empezar a comprenderse cuando el presidente corre por el país como pollo sin cabeza, rumbo al final prematuro de su gobierno. Puede ocurrir en dos semanas, o antes de fin de año, pero esto, así, ya no dura más.
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