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Gonzalo Benavente: “El Perú va a retroceder si el 28 de julio pone a Keiko de presidenta”

Óscar Miranda

Benavente es director de cine, teatro y televisión. Profesor de la PUCP y la UPC. Director de La revolución y la tierra (2019), el documental más visto en la historia del cine peruano; del filme Rocanrol 68 (2013) y del documental para televisión Largo tiempo (2018) Foto: Antonio Melgarejo.
Benavente es director de cine, teatro y televisión. Profesor de la PUCP y la UPC. Director de La revolución y la tierra (2019), el documental más visto en la historia del cine peruano; del filme Rocanrol 68 (2013) y del documental para televisión Largo tiempo (2018) Foto: Antonio Melgarejo.

Su próximo largometraje, que codirigirá junto a Grecia Barbieri, es un documental sobre los artistas peruanos durante los años del conflicto armado. Se llamará El arte de la guerra.

A inicios de abril, funcionarios de TV Perú llamaron a Gonzalo Benavente para decirle que su documental La revolución y la tierra, que recoge la historia de los campesinos beneficiados por la Reforma Agraria, ya no se iba a exhibir el domingo 4 en ese canal porque algunas personas sentían que podía suscitar simpatías hacia la candidatura de Verónika Mendoza. La reprogramaron para el 18, una semana después de las elecciones. Con lo que no contaron fue que para entonces un candidato que era de hecho un campesino, Pedro Castillo, mucho más izquierdista y mucho más radical, sería uno de los que pasarían a la segunda vuelta. Benavente hace notar la ironía: ”Definitivamente, no se lo esperaban”.

¿Por quién votaron los hijos y nietos de los hacendados expropiados por Velasco?

Creo que votaron por López Aliaga, por Hernando de Soto y por Keiko quizás algunos. Es un voto muy limeño y de algunas ciudades de la costa. Votos que extrañan a la antigua aristocracia, que piensan que el Perú es algo que ya no es.

¿Y los hijos y nietos de los campesinos a los que se les entregó la tierra?

Creo que la mayoría votó por alguien que luce como ellos. Creo que Pedro Castillo ha logrado un nivel de identificación importante para gran parte de los y las votantes en el Perú. Es significativo que, a 200 años de la Independencia, los candidatos que están disputando la Presidencia sean una la hija de un exdictador y otro un hom- bre que se levanta a las cinco de la mañana a estar con sus animales y a ver la chacra. Son imágenes que no se ven comúnmente y creo que marcan un nuevo derrotero.

Tú has escrito que de por sí es un avance que haya pasado a la segunda vuelta un candidato que ha salido verdaderamente del pueblo y no del Golf de San Isidro.

Sí, bueno, nuestros últimos presidentes han salido del Golf de San Isidro o daban la impresión de que salían del pueblo y su objetivo era ser aceptados en el Golf de San Isidro. En las últimas décadas hemos vivido una sucesión de gobiernos que básicamente han tenido la misma línea. Así durante las elecciones hayan prometido que habría cierto viraje en el modelo, al final siguieron apostando por el mismo modelo, que creo que con la pandemia ya ha quedado claro que no funciona. Yo lo veo a Castillo y no me parece alguien que le interese en lo más mínimo ser admitido en el Golf de San Isidro.

También dices que votar a favor de López Aliaga o De Soto tuvo un componente racista...

Sííí, gigante. Si Castillo no tuviera el color de piel que tiene sino un color de piel más claro, la gente no estaría tan asustada. Eso es muy triste. Te das cuenta de que el racismo en el Perú sigue existiendo y lo tenemos tan interiorizado que no nos damos cuenta.

Dices que quienes tienen la piel más clara y son viejos y limeños son vistos como si tuvieran más capacidad para gobernarnos.

Ser viejo y ser blanco es casi equivalente a tener una maestría en economía y gobernabilidad. Y es una locura, porque uno escucha a Hernando de Soto o a López Aliaga decir cosas absurdas y la gente les cree. No tiene sentido que eso suceda. Y más bien si tienen el color de piel más oscuro o si son mujeres se les exige argumentar mucho más. Tienen que hacer muchos más méritos. Eso es racista.

Tú apoyaste a Verónika Mendoza en primera vuelta. ¿Por qué Castillo no fue una opción?

La verdad que no fue una opción para mucha gente que veíamos las encuestas porque ni siquiera figuraba en ellas. Igual, independientemente de eso, yo y toda la gente del equipo que hizo La revolución y la tierra compartimos una postura mucho más cercana a la de Verónika, que representa una izquierda más moderna, progresista. Creo que Castillo es más conservador en términos sociales, en términos de igualdad, de inclusión y de respeto a la diversidad.

No fue casualidad que los cinco primeros puestos fueran de candidatos conservadores. ¿A Mendoza le hubiera convenido moderar su discurso progresista?

Yo no me atrevería a hacer un diagnóstico de lo que sucedió. Pero creo que sí fue más difícil para ella que para los demás por el simple hecho de ser mujer y de querer cambiar el statu quo. Creo que Keiko Fujimori se acomoda a los modelos de poder que existen, no busca subvertir el modelo patriarcal en el que vivimos, machista, racista, no quiere hacer nada al respecto. Una mujer de izquierda es mucho más peligrosa para mucha gente, representa la posibilidad de quitarles sus privilegios. Esta elección va a terminar siendo eso: una disputa entre quienes no quieren perder sus privilegios y quienes no los han tenido nunca, que son la mayoría, lo que explica, además, la gran diferencia entre Castillo y Fujimori en las encuestas.

¿Existe la posibilidad de que votes por Keiko Fujimori?

Ninguna, jamás. Porque no solo está reivindicando el gobierno de su padre como en ninguna otra campaña, sino que Keiko es la principal responsable de la crisis política en la que estamos.

Si no es Keiko, ¿Castillo?

[Piensa] Creo que de todas maneras terminaré votando por Castillo, la verdad. No coincido en muchos aspectos de su plan de gobierno y, sobre todo, en su mirada conservadora. Creo que la izquierda debería apuntar a luchar por la igualdad de todos y todas y todes, y una izquierda que no apoya a la lucha feminista o la lucha por la igualdad de género no es una izquierda de esta época. Sin embargo, creo que el Perú va a retroceder si pone el 28 de julio a Keiko Fujimori como presidenta. Porque representa la reivindicación histórica de su padre y es la representante de una clase política y de un modelo que ya no da para más.

Hablemos de la reprogramación de la película. ¿Por qué alguien pensaría que con su difusión estarían apoyando a Verónika Mendoza?

La verdad que me parece una locura. Creo que es una película que habla de la lucha por la ciudadanía y de la búsqueda de libertades, cosas que quizás sí tienen relación con el plan de gobierno de Verónika, con su mirada del mundo, pero, básicamente, porque es una película que contradice estos discursos hegemónicos que tratan de mantener los privilegios de una clase aristocrática en este país. Entonces, cualquier cosa que vaya en contra de eso se relacionaba directamente con la campaña de ella.

¿Tú dirías que fue una censura?

En la medida en que se remueve un contenido en la televisión a partir de la presión política de alguien que tenía interés en las elecciones, termina siendo censura. Están evitando que parte importante de la población vea este contenido. Entiendo que mucha gente lo pudo ver por YouTube o por otras plataformas, pero solo tuvo acceso a la película la gente que tiene megas o acceso a Internet.

Es el documental más visto en nuestra historia y ahora también es el documental más pirateado. ¿Tienes una idea de cuánta gente la ha visto por canales digamos extraoficiales?

Pucha, más o menos por los links que he visto en el último mes, en Facebook y en Youtube, son más del millón, definitivamente.

¿¡Más de un millón de reproducciones!?

Sí. Porque en Facebook nomás hay links de grupos que tienen como 50 mil o 60 mil vistas y vas sumando y vas sumando. De hecho, el link que estuvo en los primeros días, que incluso hubo candidatos al Congreso que lo compartieron, tuvo cien mil vistas el primer día. Lo que te habla también de la precariedad de la industria cinematográfica en el Perú. Nosotros nos demoramos dos meses en cines, nos dieron solo veinte salas, y logramos hacer poco menos de cien mil personas. En un día por Youtube ya lo había visto esa cantidad de gente.

Entiendo que el lado negativo de que no se vea por canales formales es que no representa ningún ingreso para las personas que se fajaron haciendo la película durante cuatro años. Pero ¿tiene un lado positivo?

Sí, nosotros sentimos que toda la gente que compartió la película y quiso subirla por redes lo hizo de un buen lugar y eso siempre lo vamos a agradecer. Además, en el Perú la piratería, sobre todo antes de que existieran las plataformas, fue el único acceso a la cultura que tenían las personas. La divulgación cultural es importante. Lamentablemente, la industria cinematográfica, el Estado, distintos actores, tenemos que generar canales formales. El tema es que algunas veces uno puede hacer una película, incluso con fondos del Estado, puede trabajar años en el proyecto y, al final, no encuentra espacios en las salas de cine. En nuestra última función en Cusco, tuvimos 600 personas que se quedaron afuera, sin poder conseguir entradas. Y no se renovó más. Yo entiendo el libre mercado, que tiene una lógica, pero acá no había ninguna lógica.

¿Es verdad que antes de la pandemia planeaban exhibir el documental en cooperativas y asociaciones agrarias?

Sí, teníamos una ruta que íbamos a hacer por nuestra cuenta, para mostrar la película de manera libre, sobre todo donde habíamos grabado. De hecho, Huando [donde transcurre parte del documental] era la primera parada y queríamos hacer un poco de recorrido por la costa y entrar un poco al centro. Y de hecho estuvimos tres meses armando la ruta y viendo cómo proyectar de manera itinerante, con una pantalla inflable y un parlante, justamente para acercar la película a esas zonas donde no hay un cine cerca y no se pudo ver la película en su momento. Sin embargo, la pandemia cortó eso y está pendiente. Ojalá podamos hacerlo en algún momento.

Háblame de tu próxima película. Entiendo que tratará de los artistas peruanos durante los años de violencia política.

Sí, es un documental que aborda los veinte años del conflicto armado. Básicamente, es un retrato de una generación de artistas que a partir del arte enfrenta esta violencia, tanto de las organizaciones terroristas como del Estado. Artistas plásticos, directores, poetas, músicos. La pandemia nos obligó a patear la grabación, así que espero que el próximo año podamos grabar de manera segura, tanto para el equipo como para los entrevistados. La película se va a llamar El arte de la guerra.

¿Esta también va a incordiar la conciencia de nuestras élites?

Sobre eso no hay discusión. Creo que nuestra mirada del mundo no coincide mucho con nuestros grupos de poder ni con ningún tipo de élite; entonces, seguramente va a incomodar a mucha gente. Seguro el amigo Pedro Cateriano va a tuitear en su momento. Y otros.