Domingo

La independencia vista por ojos ajenos.

Exploradores, naturalistas, viajeros; ingleses, escoceses, rusos estuvieron en el Perú en los días claves de la independencia y dejaron constancia de lo que vieron y pocos conocen.

INDEPENDENCIA Y EXTRANJEROS
INDEPENDENCIA Y EXTRANJEROS

Las viajeros extranjeros que estuvieron en el Perú poco antes, durante e inmediatamente después de la proclamación de la independencia relatan historias que difieren de las versiones edulcoradas y complacientes que se han repetido durante casi dos siglos. Por supuesto que hubo patriotismo, valor y sacrificio, pero también represión, abuso y traición. En febrero de 1818, el vicealmirante Vasili Mijáilovich Golovnín (1776-1831) llegó a la capital al mando de la corbeta Kamchatka, de la flota imperial rusa, y encontró un clima crispado: “El odio y el desprecio para con el gobierno (del virrey Joaquín González de la Pezuela) llegan ahora al extremo. Dicen que tarde o temprano el Perú tendrá que independizarse de España”, escribió, y también: “El gobierno real en el Perú es muy débil, el virrey teme a cada momento una revolución, pero no se atreve a emplear con los rebeldes la más mínima violencia porque de otro modo se levantaría el pueblo”.

Pero Golovnín también anotó que los peruanos no podían independizarse por sí solos, que necesitaban del apoyo de una potencia extranjera, o de Argentina y Chile, que se habían emancipado en 1816 y 1818. Sin embargo, el antichilenismo de la época hizo cundir un sentimiento contra la expedición libertadora que partió de Valparaíso, encabezada por el argentino José de San Martín.

Por su parte, el escocés Basil Hall (1783-1844), quien estuvo más próximo a los acontecimiento puesto que permaneció en Lima en diciembre de 1820, en febrero de 1821 y en enero de 1822, encontró desdén entre los peruanos hacia las acciones del argentino. “La expedición de San Martín sorprendió completamente a los limeños, porque siempre habían despreciado a Chile como mero apéndice del Perú”, escribió Hall.

Hall tuvo el privilegio de entrevistar al general argentino el 25 de junio de 1821, muy poco antes de la independencia. "La lucha en el Perú, decía (San Martín), no es común, no era guerra de conquista y gloria, sino enteramente de opinión", relató Basil Hall: "La gente pregunta -decía San Martín- por qué no marcho sobre Lima al momento. Lo podría hacer e instantáneamente lo haría, si así conviniese a mis designios, pero no conviene. No busco gloria militar, no ambiciono el título de conquistador del Perú; quiero solamente librarlo de la opresión".

El consumado viajero francés Gabriel Lafond de Lurcy (1802-1876) también retrató a esa población espantada por la incursión de las fuerzas libertadoras, de acuerdo con lo que vio en la segunda mitad de 1822: “El espíritu de libertad no había germinado en esta indolente ciudad (Lima) con la misma actividad que en otros puntos de América. (...) Había permanecido en la tranquilidad de su apatía, en medio de las conmociones políticas que estallaban en torno a ella. Su impasible población apenas había comenzado a turbarse cuando se aproximó el enemigo. No creía posible que los chilenos, considerados como bárbaros, pudiesen jamás invadir la capital del Perú”.

Una vez en el poder, San Martín no quiso mantenerse en el puesto por mucho tiempo. Así se lo dijo al pastor bautista inglés James Thomson, en el periodo que vivió en Lima, entre 1822 y 1823. “Durante el tiempo que estuvo en el poder, se corrió el rumor de que estaba deseoso de hacerse rey del Perú. Su conducta, sin embargo, ha mostrado que esos rumores eran infundados. En lo que concierne a mis propios asuntos, yo habría estado contento de que se quedara más tiempo en el país, y, si no me equivoco, el Perú se hubiera beneficiado con su estada”, señaló Thomson en sus memorias. Por su origen inglés, Thomson se sentía seguro con San Martín. De haber sido español, otro habría sido su destino.

El 7 de abril de ese año, las tropas realistas del general José de Canterac aplastaron a los hombres del general Domingo Tristán, en Ica. En represalia, San Martín tomó drásticas acciones el 24 de abril: “Se publicó un decreto contra los españoles residentes en Lima, imponiendo la pena de destierro y confiscación de bienes a los que se presentaran en las calles con capa; pena de confiscación y destierro a los que se hallasen en conversación particular en número mayor de dos; la de la muerte contra los que estuvieran fuera de sus casas después de la puesta del sol; y la de confiscación y muerte contra los que poseyeran armas de cualquier género”, narró en su libro el explorador británico William Bennet Stevenson (1787-1830).

Mano dura de San Martín

Stevenson describe un episodio durante el mandato de San Martín que lo presenta como gobernante autoritario: "En la noche del 4 de mayo de 1822, hubo un gran baile en el palacio (de gobierno) para celebrar la primera reunión de los miembros de la Orden del Sol (instituida por San Martín), y mientras que todo era alegría y diversión, unos destacamentos de soldados fueron enviados a las casas de los españoles para arrancarlos de sus lechos y transportarlos al Callao, donde fueron embarcados a bordo del 'Milagro'. No se podría describir la desolación resultante para aquellos desgraciados de tan monstruoso desprecio de las promesas, de la justicia y de la humanidad (que les hizo San Martín) (...). Fueron sacados de sus casas a medianoche, algunos medio vestidos, otros casi desnudos, y todos obligados a hacer a pie un recorrido de seis millas (9.6 kilómetros)".

Basil Hall también se refirió a ese momento del libertador: "A fines de 1821 se publicó un decreto ordenando a todos los españoles que dejasen el país y confiscándoles la mitad de sus bienes. (...) En una sola ocasión, no menos de cuatrocientos españoles de las familias y personas más ricas de Lima, fueron sacados de sus casas por la fuerza y marcharon a pie hasta el Callao, rodeados por guardias y seguidos por sus esposas e hijos, de quienes no les fue permitido despedirse antes de ser empujados a bordo de un barco que inmediatamente se hizo a la vela para Chile. Para julio de 1822, la ruina de los españoles fue completa".

Lo que Stevenson reprochó a San Martín y a sus hombres fue que incumplieron con su palabra y engañaron a los españoles: "Habíales prometido a menudo que estarían en seguridad, y habiéndoles dicho frecuentemente que sus personas y sus propiedades serían inviolables, les hizo perder todo derecho a la protección de las leyes de su país natal; habían, además, prestado juramento de adhesión a sus enemigos, y se habían hecho explícitamente traidores".

El naturalista y cirujano francés René Primevère Lesson, que estuvo en Lima en 1823, coincidió con otros viajeros en que los peruanos, por sí solos, no habrían logrado la independencia, por lo que tuvieron que ser asistidos por extranjeros: "No obstante de que la población del Perú es considerable, nunca ha sido bastante vivo el celo para reclutar un ejército proporcional al número de habitantes para la defensa común, hábil para las armas. Todo lo más que se ha podido reunir bajo banderas son 6 mil hombres, y nunca hubiese sacudido este Estado el yugo de los españoles sin el socorro enviado por el ejército argentino", apuntó Lesson.

El valor histórico de las palabras de los viajeros consiste en que fueron testigos directos de episodios que no se registran en los relatos oficiales porque son verdades que incomodan y mortifican, pero sobre todo porque duelen.

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