Cultural

Miguel Ángel López López responde a acusaciones en caso del concurso Bicentenario del Mincul

Afirma que su equipo curatorial cumplió con requisitos para ser admitido en el Concurso Exposición Nacional Perú Bicentenario que organiza el Mincul y que no estuvo en colusiones .

Curador de arte Miguel Ángel López López  aclara en carta  denuncia sobre sus acciones en el concurso Bicentenario. Fotografía: Daniela Morales Lisac.
Curador de arte Miguel Ángel López López aclara en carta denuncia sobre sus acciones en el concurso Bicentenario. Fotografía: Daniela Morales Lisac.

El curador de arte Miguel Ángel López López, aludido en la carta- comunicado público que hiciera el artista Rember Yahuarcani sobre supuestas irregularidades en los procedimientos del Concurso Exposición Nacional Perú Bicentenario, que organiza el Ministerio de Cultura, y que se difundiera en esta plataforma, nos alcanza una carta con la que busca aclarar los puntos en que lo han involucrado.

Rember Yahuarcani, miembro de la Comisión Consultiva del Proyecto Especial Bicentenario (PEB), entre otros asuntos, manifiesta que el curador está involucrado en colusiones entre el MALI y el Mincul. Aquí el texto de respuesta de de Miguel Ángel López López.

Respuesta a Rember Yahuarcani

2 de febrero de 2021

Estimades todes, espero que estén bien y con salud en esta cuarentena.

Me entero del intercambio a partir de reenvíos ya que no fui incluido en el mensaje inicial de Rember, ignoro la razón de esto. Lamento también el no haber sido consultado y que no se me haya pedido un simple descargo por email o por teléfono. Se me menciona como parte de un supuesto acto de colusión, y como sabemos la práctica ética demanda que antes de lanzar acusaciones tan graves se debe pedir descargos de las partes involucradas.

Lamento también que no se parta aquí de asumir la buena fe de las personas, y en cambio se pretendan pasar supuestos como hechos fácticos. De haber existido un poco más de buena fe, creo que muchos puntos hubieran sido fácilmente esclarecidos. Siento mucho también verme en medio de una situación no solicitada, tan solo por el hecho de ser parte del equipo que fue declarado “apto” – el único equipo, a nuestro pesar y gran decepción.

Lamento más aún que el equipo del cual formo parte, un grupo de profesionales comprometidas y honorables, cuya práctica intelectual y ética han sido motores fundamentales en la escena local, se vea indirectamente ensombrecida por suposiciones gratuitas. Parece que nuestro delito es participar en un concurso público con un desenlace (un solo equipo “apto”) efectivamente triste. Ello debería llevarnos no solo a la reflexión crítica sobre la estructura misma de las bases, sino también invitarnos a pensar sobre las condiciones del trabajo curatorial local, una práctica fragilizada y en vías de profesionalización.

Se insinúa en la carta un supuesto delito al mencionar mi nombre y de inmediato mi contribución al Comité de Adquisiciones de Arte Contemporáneo (CAAC) del MALI y mi rol como curador de la exposición de Flavia Gandolfo. Se sugiere con énfasis que mi amistad con Sharon Lerner y José Carlos Mariátegui “podría permitir al concursante [yo, Miguel López] tener información privilegiada del concurso”. ¿Es esto una certeza y existen pruebas para lo que se sostiene? ¿O realmente se pretende denunciar un supuesto delito a partir de una amistad profesional? Me sorprende este tipo de acusaciones ligeras en un medio tan pequeño, en donde todos los agentes naturalmente nos conocemos, colaboramos y construimos múltiples redes de trabajo. Creo que Rember debería poder probar esta grave acusación, así como sus connotaciones delictivas, antes de deslizarlo gratuitamente, manchando el nombre de los aludidos.

Nunca he sido trabajador formal ni miembro del staff del MALI. Vivo fuera del Perú desde el 2008, y mi único rol –desde la distancia– ha sido como asesor curatorial del CAAC junto con otros varios profesionales en un comité de 3 a 4 personas que se renueva periódicamente (en el comité han estado conmigo Rodrigo Quijano, Florencia Portocarrero, Tatiana Cuevas, Julieta González, Lucía San Román, Ondine Chavoya, entre otros). He participado de ese comité por una sola razón: considero urgente contribuir a construir patrimonio cultural en un país carente de infraestructura y memoria. Y como es de conocimiento público, en el Perú no solo he sido curador de exposiciones en el MALI, sino también en instituciones como el MAC-Lima, en el Museo de la Nación, en el ICPNA, en el Centro Cultural de España, en la Sala Miró Quesada, entre otros. Me decepciona que esa colaboración con el MALI, hecha con compromiso, sea deslizada como delictiva y sostenida tan solo en un gratuito y difamante “podría”. Y me preocupa mucho también: ¿es que acaso todos los profesionales independientes –como es mi caso– somos sospechosos por el mero hecho de colaborar con diversas instituciones en el país?

Nuevamente aparece mi nombre cuando se dice que ocupé uno de los “puestos más importantes de un evento artístico de gran relevancia para el sector cultural como fue la participación de Perú como país invitado de la feria de ARCO”, sugiriendo una colusión o acto de corrupción entre el Ministerio de Cultura y mi persona. Me parece triste que el desconocimiento de lugar a interpretaciones malintencionadas, y más aún, que puedan enunciarse con impunidad. Mi relación con ARCO, y esto lo puede confirmar fácilmente la institución española, es de larga data y excede a cualquier celebración nacional. Desde hace casi una década, ARCO me invita anualmente para organizar conferencias, secciones curadas, encuentros profesionales, entre otras actividades. Tal es mi vínculo con ARCO que este 2021, en su 40 aniversario, yo he sido seleccionado en un grupo de “40 personas cuya aportación a ARCO ha sido esencial” –en palabras de la propia institución. Reducir mi participación en ARCO a un antojo ministerial es una caricatura vergonzosa que desmerece la inteligencia del autor de esa carta, y es más grave aún sugerir corrupción por el solo hecho que estuve allí –con cerca de más de 100 profesionales del arte. Tal hipótesis desmerece también cualquier elaboración rigurosa sobre lo que mi trabajo profesional significa. ¿Soy sospechoso de corrupción por haber participado en un ciclo de conferencias en un evento internacional al cual yo asisto anualmente –al margen de que Perú sea país invitado? ¿Estas es una de las contundentes “pruebas” que se pretende exponer en el correo?

Creo que es valioso que múltiples preguntas se compartan con el PEB desde la sociedad civil y el campo artístico, y también considero necesario que las instituciones y personas ofrezcan sus esclarecimientos y descargos, pero me parece irresponsable que se lancen acusaciones sin sustento real, sin investigación, basadas en suposiciones no contrastadas con las personas aludidas, como es mi caso. Creo que merecemos comportamientos más éticos y valorar con respeto la labor que otros profesionales realizan, para que nuestras propias posiciones puedan ser recibidas con altura. Valoro también la honorabilidad de José Carlos Mariátegui y Sharon Lerner, ambas personas aludidas en esa carta con suposiciones injustas e inconsistentes.

Y ya que se alude a nuestro equipo postulante (el único equipo “apto”), solo diré que nos organizamos con tiempo y trabajamos por muchas semanas con rigor, amor y compromiso, buscando cumplir los arduos requisitos y plazos, a fin de ofrecer una exposición que permita pensarnos críticamente. Todos aquellos que conocen nuestro trabajo pueden dar fe de lo que representa. Es realmente lamentable que otros equipos hayan entregado sus propuestas a destiempo, o que no hayan cumplido los requisitos; más aún, esto es una decepción, y creo que dice mucho de nuestro campo curatorial. Pero sugerir que el desenlace de un solo equipo “apto” tiene que ver con mi persona, o achacarlo a presuntos favoritismos sin pruebas reales más allá de un “podría”, es realmente ofensivo, además de rozar con el delito de difamación.

Todos queremos que los procesos institucionales mejoren y realmente cumplan con las expectativas y necesidades del campo cultural y la sociedad. Esa conversación me parece fundamental y urgente, pero eso exige también lo mejor de todos nosotros. Lamentablemente, difamar, elaborar suposiciones no contrastadas y partir de hipótesis malintencionadas no es el camino para ello porque eso significa justamente “violar la reserva ética” –para citar a Rember– que debe orientar nuestro trabajo. Y esas actitudes no me parecen heroicas, sino más bien lamentables. Espero, sin embargo, que ello dé lugar a nuevas reflexiones y aprendizajes.

Un abrazo,

Miguel Ángel López López

DNI: 42363069

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