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Abraham Valdelomar: Cien años de El caballero Carmelo

Redaccionlr

La Republica
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Rescate. Se acaba de publicar una edición facsimilar del libro de Abraham Valdelomar al cumplirse un siglo de su aparición.

Jorge Valenzuela Garcés.

La reciente edición facsimilar de El caballero Carmelo (1918) de Abraham Valdelomar, publicada por la Biblioteca Abraham Valdelomar y Alastor editores, nos devuelve no solo a uno de los más importantes libros de nuestra tradición cuentística, sino también a uno de los más influyentes. Es verdad, con este libro se abren, entre nosotros, las compuertas de la modernidad narrativa gracias a una concepción del cuento como género autónomo, y al extraordinario manejo de los recursos técnicos heredados del modernismo decadentista de fines del siglo XIX.

Híbrido en su concepción, el conjunto de cuentos que conforman el libro nos muestra las diversas posibilidades narrativas de un autor que empieza su camino muy joven transitando por el modernismo para luego abrazar la causa de la literatura criollista, influido aún por los motivos de la narrativa mórbida y oscura del decadentismo. Con respecto a esta última corriente allí están, para corroborarlo (sobre todo en los cuentos criollos que contiene el libro), el repliegue emocional de la voz que evoca los recuerdos dolorosos del pasado; el motivo de la muerte que contamina a cada una de las historias con su dramático final; el ideal de belleza, representado en el paisaje sublimado por la conciencia del esteta; el cierre vital que se traduce en la renuncia a cualquier posibilidad de salida a la situación problemática planteada y la presencia de ciertos valores como el honor, trabajados desde la perspectiva aristocrática.

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Valdelomar construye una poética propia signada por la fusión de las tensiones sentimentales heredadas de su experiencia en la ciudad, con los elementos de lo provinciano. De este modo, en el escenario de lo local que recrean sus cuentos, tienen lugar masivos encuentros familiares, fiestas tradicionales (Semana Santa, pelea de gallos), cierto fervor por lo propio (recordemos el proyecto de libro titulado “La aldea encantada”) y la reivindicación de las costumbres del lugar referido, todo desde una prosa plástica que exuda ese sensualismo y sensorialidad que dota a cada objeto del paisaje de un poder inusitado.

Con El caballero Carmelo, Valdelomar rompe con la tradición que ubicaba a Lima como el centro de la atención en el relato y nos sitúa en la aldea, en pueblos pequeños, en el interior de los hogares, en el interior de los personajes buscando llegar a la expresión de los sentimientos más reservados y de las emociones más candorosas.

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El libro es tributario de las primeras experiencias del autor, pero a la vez nos muestra, con la inclusión algunos de los llamados Cuentos chinos, la entraña crítica y comprometida de un escritor que usa la caricatura y el sarcasmo para la descalificación moral de los personajes de la política peruana de entonces.

Mención aparte reclama esa joya incluida en el libro: “Finis desolatrix veritae”, un relato distópico en el que se presenta, desde una óptica radicalmente escéptica, la muerte de la fe cristiana en un escenario apocalíptico, en el que la tierra ha sido devastada por fuerzas poderosas que solo han dejado despojos, esqueletos, uno de los cuales es el del propio Cristo quien, interpelado por el narrador, solo atina a mostrarle su absoluto descreimiento en las religiones y de sí mismo.

Por todo lo dicho consideramos a El caballero Carmelo como la muestra más acabada de un momento de nuestra narrativa en la que se definían sus rasgos particulares, pero sobre todo su carácter absolutamente moderno. Estos cien años no hacen sino confirmar la alta calidad de un escritor que supo vincular a nuestra tradición narrativa con las más exigentes demandas del cuento occidental como género autónomo. El libro trae, además, una importante introducción del poeta Ricardo Silva Santisteban que nos permite conocer el origen y proyección de los cuentos incluidos en el volumen.