
Un desastre natural siempre es eso, un desastre natural. Pero hay algunos más vergonzosos que otros. La cúpula chavista se fumó los recursos del país y ahora Venezuela no cuenta con la más elemental maquinaria para atender sus escombros. En este caso no funciona el argumento del bloqueo yanqui, que recién ha comenzado.
Los bomberos peruanos que aterrizaron para ayudar descubrieron que Venezuela no tiene un sistema normativo de ingeniería sismorresistente. Léase: sin controles técnicos ni supervisión. En tales circunstancias, la catástrofe no tiene mucho de natural. O, más bien, es natural que tantas edificaciones hayan colapsado.
Los impulsos de los países que envían ayuda son, en esencia, humanitarios. No hay catástrofe sin responsabilidad, como se vio en Haití y, hace poco, en Gaza. Pero lo del chavismo gobernante es algo especial. Nadaban en petróleo y lograron empobrecer a la población, que quiere decir privarla de los más básicos servicios.
Lanzaron a sus compatriotas al exilio latinoamericano con la mano extendida y a los que permanecieron los sometieron al más descarado régimen de inseguridad. Hoy se ve que eso incluía edificaciones sin la debida ingeniería sísmica, como las de La Guaira. Esa ingeniería se fue entre los millones de exiliados.
Alguien nos dirá que, en algunos aspectos, no podemos lanzar la primera piedra. Nuestro vergonzoso récord de fallecimientos a causa del COVID-19 se debió a un sistema de salud pública indiferente a las necesidades de la población en ese rubro. Son frecuentes los llamados de atención acerca de los peligros existentes en muchas construcciones peruanas.
Hay grados, desde Chile o Japón, que construyen sus estructuras con excelencia científica para evitar mayores daños en sus terremotos, hasta —precisamente— países como la Venezuela chavista, indiferente al peligro que afrontan sus habitantes. Poner a un sujeto como Diosdado Cabello a cargo de la emergencia es una mala broma.
Todo el mundo es precavido después de una catástrofe. Pocos se preparan para ella. El terremoto de Venezuela es una historia de supino desinterés de los gobernantes. ¿El Washington trumpiano seguirá manteniendo a esa banda a cambio del petróleo que ha empezado a chorrear? Parece que mucho más barato les resulta mandar ayuda, las veces y en los casos que sea necesario.





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