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Opinión

Violencia política y equidistancia

“No estamos exentos de que ocurra algo como lo que sucedió en Argentina. En el Perú hay grupos extremistas y peligrosos que vienen acosando sistemáticamente a autoridades políticas, activistas y periodistas sin ninguna consecuencia”.

larepublica.pe
“No estamos exentos de que ocurra algo como lo que sucedió en Argentina. En el Perú hay grupos extremistas y peligrosos que vienen acosando sistemáticamente a autoridades políticas, activistas y periodistas sin ninguna consecuencia”.

Cristina Fernández de Kirchner, actual vicepresidenta de Argentina, estaría muerta ahora mismo si no fuera porque una de las cinco balas dentro de la pistola de Fernando Sabag Montiel, su atacante, no llegó hacia la recámara las dos veces que disparó. Se trata de un hecho triste, peligroso y preocupante que ha sido presentado como un intento de magnicidio (el asesinto de una persona por su cargo o poder), pero que periodistas como Luciana Peker han elegido calificar como una tentativa de feminicidio ‘’producto de los discursos de odio, el machismo extremo y el retroceso de la democracia’'.

A raíz de este suceso vuelven a emerger aquellos lugares comunes a los que recurre gran parte de la prensa hegemónica argentina y latinoamericana, políticos, políticas, lideres y lideresas de opinión que no reconocen ni aceptan la evidente radicalización de ciertos sectores de derecha y ultraderecha a nivel regional. Que si la polarización, que si es todo armado, que hay que poner atención a la salud mental, que si el ambiente está caldeado, etc. Buscan obtener respuestas utilizando los mismos argumentos vacíos de significado.

Lo primero debería ser reconocer que nada, o casi nada, de estas explicaciones se corresponden con lo que viene sucediendo en Latinoamérica en los últimos cinco años y aceptar, por fin, el daño que cosecha la equidistancia. Sobre esta última el periodista español Pascual Serrano explica que es confundir la veracidad y el rigor con quedarse a la mitad y a la misma distancia de dos versiones enfrentadas. Algo así pasa con el tema Cristina Kirchner y tantos más en el oficio periodístico, pero también en otros espacios de gran importancia en donde, además, se toman decisiones. No podemos hablar de polarización cuando, en realidad, es solo un sector el que encarna, normaliza y promueve discursos de odio sin reparos.

Y no solo pasa en Argentina. El viernes 16 de julio de 2021, Beto Ortiz apareció en su espacio televisivo nocturno sosteniendo una pistola automática Glock 9 mm. El presentador, condenado por difamación agravada, intentó equiparar la llegada de ronderos a Lima con el manejo de un arma en vivo alegando: ‘’Es mi cultura’'. La acción de Ortiz recibió gran cantidad de críticas en redes sociales y una resolución por parte del Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana que exhortaba al canal a no repetir actos similares. Sin embargo, el periodista continúa siendo considerado un referente y sigue al frente de su programa.

Este tipo de hechos no son casos aislados. Por ejemplo, el acoso político y mediático que por años viene enfrentando Cristina Fernández sirvió como caldo de cultivo para lo que, finalmente, derivó en el intento de feminicidio en su contra. El apodo ‘’Yegua’' para animalizarla (como se suele hacer contra mujeres en posiciones de poder político) o la bolsa de basura de tamaño humano que apareció fuera de Casa Rosada con un cartel que llevaba su nombre y que simulaba su muerte demuestran que los síntomas de la violencia estuvieron siempre ahí, pero nadie decidió atenderlos. Tampoco hay indicios de que la situación vaya a cambiar ahora. De hecho, los diarios La Nación y Clarín publicaron tutoriales sobre cómo debió utilizarse correctamente la pistola para que las dos veces presidenta de Argentina sea asesinada.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿escuchamos ‘’todas las voces’'? ¿incluso las de quienes consideran que apuntar a una persona con una pistola es solo parte de la polarización? La equidistancia es perjudicial no solo porque se resiste a tomar posición frente a lo que son ataques a derechos humanos fundamentales, sino porque normaliza la incitación a las agresiones.

No estamos exentos de que ocurra algo como lo que sucedió en Argentina. En el Perú hay grupos extremistas y peligrosos que vienen acosando sistemáticamente a autoridades políticas, activistas y periodistas sin ninguna consecuencia. No son manifestantes, como se les llamó cuando acudieron a la presentación del libro de Francisco Sagasti con la única y clara intención de violentar. La equidistancia no es solo un concepto geométrico y los discursos de odio no son solo palabras. Pueden matar.

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