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Opinión

¿Una cumbre resbalosa?

“Washington tiene que preguntarse, con la mano en el pecho y en la frente pensante, si ambos problemas se pueden enfrentar borrando del mapa a algunos países”.

Nicaragua, Venezuela y Cuba ya figuran en la lista de los excluidos en la región para la Cumbre por la Democracia que se celebró en diciembre en Washington. Foto: La Prensa
Nicaragua, Venezuela y Cuba ya figuran en la lista de los excluidos en la región para la Cumbre por la Democracia que se celebró en diciembre en Washington. Foto: La Prensa

Por: Ramiro Escobar, profesor UARM

Cuando falta menos de un mes para la IX Cumbre de las Américas que se realizará en Los Ángeles (6 al 10 de junio), Estados Unidos acaba de deslizar una insinuación que ya causa cierto escozor en el barrio latinoamericano: no invitaría a ella a Cuba, Venezuela y Nicaragua, países que la Casa Blanca no considera democráticos, algo claramente difícil de rebatir.

De momento, ya los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador, y de Bolivia, Luis Arce, han anunciado su ausencia si esa decisión excluyente se materializa. Y podrían venir gestos similares desde Argentina, Honduras, algunos países caribeños (antiguos devotos del chavismo) o incluso desde Chile, cuyo gobierno no querrá pasar de puntitas sobre el tema.

¿Vale la pena debatir si, por ejemplo, el gobierno de Daniel Ortega es democrático? Tan inútil es esa discusión que incluso parte de la izquierda latinoamericana, ‘Pepe’ Mujica incluido, ha tomado distancia del escándalo político en curso en ese país ajochado por una ‘pareja presidencial’. Pero si se mira todo el mapa regional, y las urgencias propias de este tiempo, esa suerte de “lista exclusiva de invitados” propuesta por Joe Biden resulta riesgosa.

‘La voz de América’, ese medio que en ningún delirio bolivariano aparecería hablando a favor de Nicolás Maduro, ha hecho notar algo central: tampoco se ha cursado invitación alguna a Juan Guaidó, el ‘presidente interino’ que en términos reales y diplomáticos ya fue, dado que no tiene un mínimo control sobre el Estado venezolano. Allí nomás hay una niebla que empieza a flotar.

Más aún: desde el ingreso de Biden al poder, la política de EEUU frente a Venezuela se ha vuelto menos bronca. Ha visto con ojos al menos curiosos las negociaciones entre la oposición y el régimen, y hasta ha coqueteado con la posibilidad de volver a comprarle petróleo, en el marco de la guerra en Ucrania. No se entiende, al fin, quién ocuparía el sillón venezolano en junio.

En el caso de Cuba hay también una historia previa que no se puede ignorar. Aterrizó en la Cumbre de las Américas realizada en Panamá en abril el 2015, poco antes de restablecer relaciones diplomáticas con la Casa Blanca en junio del mismo año; y también a la que hubo en Lima en el 2018, cuando ya gobernaba nada menos que el áspero Donald Trump.

No invitar a un evento de tal magnitud a un país con el que —por más tormentas políticas que medien entre La Habana y Miami— se tiene relaciones oficiales es, en el escenario de la diplomacia, un gesto hosco. No serviría de mucho, además, porque alimentaría en el gobierno cubano el relato furioso frente a EEUU, que tan escasos resultados tuvo por casi 60 años.

Sin duda hay mucho, harto, que reclamarles a estos países que bajo el discurso flamígero ocultan profundos desvaríos antidemocráticos. Pero si de democracias reales y eficaces se trata, la performance del gobierno colombiano, que no ha podido neutralizar la ingente y cruel matanza de líderes ambientales en su territorio (65 solo en el 2020), también lo pondría en cuestión.

Iván Duque no es responsable de esas masacres, pero la percepción de buena parte de la población colombiana es que no se juega a fondo por evitarlas, no logra que la democracia también funcione allí, donde tiene que preservar la vida. Como tampoco Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, juega fuerte contra la pandemia o a favor de los derechos humanos.

Entre los temas de la cumbre están la migración y la lucha contra el cambio climático. Washington tiene que preguntarse, con la mano en el pecho y en la frente pensante, si ambos problemas se pueden enfrentar borrando del mapa a algunos países, por impresentables que sean sus presidentes. Tal vez sea preferible tragarse una ruda declaración de Maduro, o de su canciller, a que la región se siga incendiando por el calentamiento global o por el estallido de la migración descontrolada.

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