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Opinión

Largo adiós al pequeño emperador

“Un objetivo de los revolucionarios chinos fue, desde el movimiento del cuatro de mayo de 1919, revertir el principio confuciano del culto a los ancestros”.

China acaba de promulgar un permiso para que las parejas que lo deseen puedan tener hasta tres hijos. La política amplía la política de hasta dos hijos establecida en el 2016, que no dio los resultados demográficos buscados. Ahora la población del país, casi 1,400 millones a la fecha, crecerá a un mayor ritmo, hasta nuevo aviso.

El gobierno de Beijing se inició en la ingeniería demográfica con una enmienda constitucional de 1982, por la que solo se permitía un hijo por pareja. La idea era impedir que el crecimiento poblacional superara los avances económicos del país. La disposición se mantuvo hasta el 2015. Cambió porque la curva de crecimiento había comenzado a declinar.

Propiciar mayor crecimiento poblacional puede tener varios motivos. Uno frecuente es resolver el problema de una población que va envejeciendo, y necesita jóvenes que reemplacen y sostengan a los adultos mayores. Otro es tener más mano de obra para planes expansivos en la economía y en la geopolítica, que a menudo son lo mismo.

Algo a tomar en cuenta es que la población de China está a poco más de 50 millones de India, cuya curva anuncia que esta pronto pasará a ser el país más poblado del mundo.

Decretar un solo hijo en los años 80 fue una medida dura para el campo chino, en ese tiempo menos mecanizado que hoy, donde las familias dependían casi exclusivamente de la mano de obra. El cambio se hizo una vez que los sistemas cooperativos en el agro estuvieron en condiciones de compensar la inminente reducción de brazos jóvenes en el agro.

De otra parte, un objetivo de los revolucionarios chinos fue, desde el movimiento del cuatro de mayo de 1919, revertir el principio confuciano del culto a los ancestros. Esto significó trasladar la primacía, las decisiones y los recursos familiares a las nuevas generaciones, aunque fuera necesario reducir su número por un tiempo.

Cuando aparecieron esos hijos únicos empezó a producirse el “Efecto del pequeño emperador”, pues las parejas (y los ancianos de casa) empezaron a mimarlos con gran intensidad. Algo que se hizo particularmente notorio en los hogares más prósperos. Lo de tres hijos se va a traducir en una mayor dosis de democracia familiar.