
Se ha empezado a divulgar en América Latina el concepto que alude a quienes apoyan o se identifican con expresiones políticas que contradicen su propia clase social. Es decir, los pobres que votan por la ultraderecha.
Fachapobres es un término obviamente ofensivo del cual la propia izquierda debería hacerse cargo porque es obvio que a los menos favorecidos no les gusta que les recuerden su condición. Y, por el contrario, existe un elemento aspiracional junto con el sueño de que el orden, por sí mismo, puede contribuir a mejorar la situación personal.
Y, bajo este razonamiento, las opciones derechistas que están en control de la fuerza pública y gran parte de los medios de comunicación son las que mejor encarnan esos ideales.
La palabra señalada ha empezado a entrar en el lenguaje común, ha invadido las redes sociales y ya se estudia en las universidades, obviamente en respuesta a la ola fascistoide que parece haber tomado el mundo por asalto, aunque, en la práctica, sus opciones de supervivencia son relativamente limitadas.
No es, sin embargo, algo tan nuevo en las ciencias políticas. Siempre se ha estudiado, por ejemplo, cómo los obreros italianos eran el principal soporte de Mussolini. Y es muy antigua la frase de Simone de Beauvoir: «El opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos».
En el Perú, el tema está presente aunque, a decir verdad, se limita a Lima, donde se registra algún grado de complicidad con el opresor. Eso indican los resultados de la primera vuelta electoral del último abril.
Pero lo importante es que se ha tomado conciencia del asunto y así como se sataniza con algún éxito a las ideas progresistas, acusándolas de ser desde caviares hasta comunistas y terroristas, hoy se da una reacción en favor de las grandes metas colectivas capaces de rescatar el valor de la justicia social de las manos de quienes pretenden utilizar a los pobres para su propio beneficio.

Existen contradicciones entre la condición social de los electores y sus preferencias políticas.

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La reconciliación nacional exige desmontar las medidas antidemocráticas y recuperar las formas democráticas para superar la división y el autoritarismo.

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