Trump S.A., negocio familiar, por Mirko Lauer

Un 34 % de los republicanos considera que Donald Trump se enriquece a expensas del país.

Trump exime sanciones del congreso estadounidense a Rusia. Foto: AFP
Trump exime sanciones del congreso estadounidense a Rusia. Foto: AFP


Uno de los secretos peor guardados en la política de los EE. UU. es que la familia presidencial se enriquece a manos llenas. Según las encuestas, una mayoría de ciudadanos estima que Donald Trump se está volviendo aún más rico a expensas del país. Entre quienes piensan así hay un 34 % de republicanos.

La idea no es, como lo sería en el Perú, un escándalo periodístico-policial en Palacio. Pero sí produce descrédito suficiente como para que los republicanos pierdan la mayoría de la Cámara Baja el próximo mes. Trump tiene poco tiempo para cambiar esa percepción, y cualquier intento publicitario podría agravar las cosas.

Si recordamos bien, Washington es estricto hasta en qué regalos puede recibir un presidente y qué destino les espera. Trump ha recibido uno de los aviones de pasajeros más grandes, y nadie en su Casa Blanca ha levantado una ceja. Quizás porque eso es agua de malvas al lado de los negocios en que se ha interesado.

La frase sobre convertir a la bombardeada Gaza en un balneario mediterráneo suena a broma, pero hay quienes bien saben que no lo ha sido. Trump y su familia andan atentos frente a posibles negocios en medio de lo que ya se llama la guerra perpetua. Algunos de esos deseos se materializan, otros no; otros se vuelven públicos, otros no.

Los negocios privados detectados cubren varias áreas, como las criptomonedas, bienes raíces por todo el mundo, valores, IA, drones y pagos de magnates extranjeros. Todo eso plantea conflictos de interés, pero los comentaristas hasta aquí han pasado esa posibilidad por agua tibia, negándose a ver allí transacciones ilegales.

En el 2024, cuando volvió a la presidencia, la riqueza de Trump se estimaba entre US$6.1 y US$6.4 billones, según los calculadores Forbes y Bloomberg, respectivamente. Es obvio que esa suma ha aumentado en estos dos años, con el movimiento de los precios de los combustibles en el mundo. Nada de esto sonroja al arquitecto de la Casa Blanca.

Es de suponer que eso de andar con magnates como Elon Musk desde el inicio algo quería decir. No ha dejado de hacerlo desde entonces, fiel al título de su antiguo libro The Art of the Deal, El arte de la movida comercial. Por allí se ha ido buena parte de su prestigio y también parte de la próxima elección que tanto teme.

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