
*Por Embajada de Ucrania; Embajada de Noruega; y Embajada de Canadá
Cada mañana a las 9.00 a. m., Ucrania se detiene.
En todas las ciudades de Ucrania, los altavoces que normalmente se utilizan para advertir sobre ataques aéreos rusos inminentes transmiten el constante tic-tac de un reloj.
Las calles de la ciudad, normalmente llenas de vida, quedan en silencio.
Los semáforos se ponen en rojo. Los automóviles se detienen.
Durante un minuto, todo un país hace una pausa.
Este es el momento diario de silencio de Ucrania, un acto nacional de conmemoración para quienes han perdido la vida en la guerra ilegal de Rusia. En lugares de trabajo, hogares, escuelas, mercados y carreteras, los ucranianos hacen una pausa para honrar a quienes dieron su vida defendiendo la soberanía y la libertad de su país, y para recordar a los miles de civiles cuyas vidas se han perdido a causa de la agresión rusa.
Este silencio también refleja la ausencia que sienten miles de familias cuyos seres queridos aún no han regresado a casa.
Entre ellos se encuentran los miles de niños ucranianos que han sido trasladados por la fuerza y deportados ilegalmente por Rusia a lo largo de la guerra. Separados de sus familias y comunidades, muchos han sido privados de elementos fundamentales de su identidad: su idioma, su cultura e incluso sus nombres.
Otros son civiles detenidos ilegalmente en territorios temporalmente ocupados por Rusia. Muchos han sufrido represalias por enseñar su idioma, practicar su cultura, expresar su oposición a la ocupación o compartir la verdad sobre lo que han presenciado. Algunos han sido trasladados a centros de detención en Rusia, donde permanecen retenidos sin el debido proceso, privados del contacto con sus seres queridos, sin acceso adecuado a atención médica y fuera del alcance de una supervisión independiente.
Las condiciones de los prisioneros de guerra ucranianos bajo custodia rusa siguen siendo igualmente preocupantes. Quienes han regresado han denunciado malos tratos, mientras que organismos independientes han documentado abusos generalizados, incluidas torturas y violencia sexual.
Estas no son consecuencias colaterales de la guerra de Rusia. Las acciones de Rusia constituyen violaciones reiteradas y ampliamente documentadas del derecho internacional, cometidas a gran escala en un intento de quebrantar la voluntad del pueblo ucraniano.
Detrás de cada caso hay una historia humana: un padre o una madre esperando a un hijo, una pareja esperando una llamada telefónica, una familia esperando que alguien regrese a casa.
Sabemos que la verdadera medida de la paz se encuentra en estas historias centradas en las personas. Se encuentra en un niño que regresa con su familia, en un civil liberado de una detención ilegal, en un prisionero de guerra reunido con sus seres queridos y en una comunidad que tiene la oportunidad de sanar y reconstruirse.
La magnitud de este desafío es inmensa, y ningún país u organización puede afrontarlo por sí solo. El éxito requiere una cooperación sostenida entre gobiernos, organizaciones internacionales, actores humanitarios y la sociedad civil.
Por esta razón, Canadá, Noruega y Ucrania reunirán a ministros de Relaciones Exteriores y socios internacionales en Toronto los días 28 y 29 de septiembre para la segunda Conferencia Internacional 'Caminos hacia la Paz: Retorno de los Niños Ucranianos, los Civiles Detenidos y los Prisioneros de Guerra'.
Basándose en los avances logrados en la conferencia ministerial sobre este mismo tema, organizada por nuestros tres países en Canadá en 2024, la conferencia reunirá a socios internacionales para apoyar los esfuerzos de Ucrania destinados al retorno, la rehabilitación y la reintegración de los niños ucranianos deportados, los civiles detenidos y los prisioneros de guerra.
Su regreso es un imperativo humanitario y un elemento fundamental de cualquier proceso de paz, ya que contribuye a generar confianza y a sentar las bases de una paz justa, duradera y digna. Cada persona que regresa reúne a una familia. Cada familia reunida fortalece una comunidad. Y cada comunidad que prospera contribuye a la reconstrucción de Ucrania.
Cada mañana, millones de ucranianos hacen una pausa para recordar a quienes ya no están y a quienes aún no han regresado. En ese ejercicio de memoria, y con una valentía e ingenio extraordinarios, también reparan lo que Rusia ha destruido, se cuidan mutuamente y fortalecen las comunidades que la agresión rusa ha intentado desgarrar.
Nuestra esperanza es que Caminos hacia la Paz movilice a la comunidad internacional no solo para hacer una pausa junto a Ucrania en señal de recuerdo, sino también para actuar a su lado y ayudar a traer de regreso a cada niño deportado, cada civil detenido y cada prisionero de guerra.

Los embajadores de Canadá, Noruega y Ucrania en el Perú publican en exclusiva este artículo conjunto y anuncian la Conferencia Internacional 'Caminos hacia la Paz' los días 28 y 29 de septiembre en Toronto, enfocada en la rehabilitación de las víctimas del conflicto.

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