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La primavera se convirtió en un periódico: La Industria, por Eduardo González Viaña

Uno de los diarios con mayor historia del país dejó de circular. Lo que muchos no saben es que su origen estuvo en las parcelas de la poesía.

En 1895, la revista Primavera se convirtió en un periódico. Fue un gran periódico llamado La Industria que, durante 130 años, se leía cada mañana en Trujillo, Chiclayo y Piura y que, hace un mes, cerró sus puertas o, más bien, sus páginas.

Aparecía cada día a la hora del desayuno y nos colmaba de noticias y artículos para discutirlos en las horas de almuerzo y cena. Como todo periódico que se precia de serlo, era actual, casi actualísimo, y se imprimía con los métodos más modernos de entonces.

Su estructura respondía a lo más avanzado del momento y tanto sus noticias como sus columnas de opinión abarcaban el mundo. En resumen, era la expresión escrita ideal para una ciudad con fama de conventual y conservadora.

De todo eso se ha hablado en estos días, pero no de sus antecedentes. No se ha dicho que fue originado por Primavera (1880-2026), una publicación que se dedicaba a la información, el comentario y la mitad de sus páginas, a la poesía con inigualable ímpetu.

Raúl Edmundo Haya y Cárdenas la había fundado y estaba al frente de un conjunto admirable de jóvenes que habían decidido cambiar el mundo con el arma de la poesía.

Primavera, nacida en 1880, alcanzó periodicidad diaria y duró quince años. Acaso su mayor impulso lo dio predicar resistencia y después recuperación de los territorios perdidos frente a la ocupación y la derrota de la guerra con Chile.

Eduardo Lamuhnay era el seudónimo del director Raúl Edmundo Haya y Cárdenas y Eduardo Zelaznog, su mano derecha, era también el que más poemas aportaba, y su verdadero nombre era Eduardo González Alvarado, mi abuelo.

Entre sus redactores se encontraban Enrique Marquina, Gerardo Chávez, Julia Pacheco Rebaza de Acosta, Miguel Ángel del Corral, Manuel Cardoso, María Tránsito Muga. A ellos se sumaría Zoila Victoria de la Torre y Cárdenas.

El fundador de Primavera era más bien un narrador. Contaba historias de paz y de guerra, en las cuales una y otra vez se recuerda la invasión chilena y la valentía de los vencidos, así como el saqueo y los horrores que se dieron también en Trujillo.

Diario La Industria. Fuente: Oveja Negra.

Diario La Industria. Fuente: Oveja Negra.

Dice Eduardo González Alvarado (1862-1956):

“Ya no contemplo en tus labios / fascinadora sonrisa / ni la luz que me magnetiza de tu largo mirar.

Es verdad que te adoro con locura / con esa fe que te juré sincera / y que anhelante en mi ilusión primera / te di mi corazón”.

Decenas de rimas como estas están dedicadas a damas cuyos nombres son también diferentes. Aparentemente, mi abuelo paterno era un hombre serio y circunspecto… pero no tanto.

Celso Santelices, por su parte, rendía homenaje a la patria:

“Mansión feliz de mis primeros años, donde se abrieron a la luz mis ojos”.

A la esposa del fundador, Zoila Victoria de la Torre de Cárdenas, Primavera la tuvo entre sus colaboradoras más cercanas. Los valores humanos eran exaltados por ella todo el tiempo.

“Caminando por las nubes / de blancas azucenas, / violetas y azahar…”, comienza Julia Pacheco Rebaza un poema tan bello como interminable.

A ella, el historiador Blasco Bazán Vela la llama la primera poeta de Trujillo, y sus colaboraciones con la revista fueron múltiples y muy generosas.

Como podemos notar, el número de mujeres colaboradoras es bastante amplio y muestra una proyección mayor que la observada mucho después y de manera general en nuestro país, y doy de ello un ejemplo:

Cuando en 1965 se publicó el primer libro de Mercedes Ibáñez Rossaza, La Industria le dedicó un espacio en la primera página. El titular de la noticia era: “Mujer edita libro”.

Aquello resultaba tan insólito y tan impensable como si la noticia fuera: “Gata pare perritos”.

No, no y no. La Industria no era un periódico necesariamente machista. La época sí lo era y el periódico de Trujillo de vez en cuando reflejaba exactamente lo que pensaba la mayoría de sus lectores.

La otra gran creación de Raúl Edmundo y de Zoila Victoria fue el nacimiento de su hijo Víctor Raúl Haya de la Torre en 1895, al igual que su periódico. Esa es ya otra historia.

De todas formas, Haya y Cárdenas pasó de la poesía al periodismo. Lo hizo. Más de un siglo vivió con nosotros la estrella que lanzó al aire. Eso nos hace recordar que la poesía es siempre tumba y origen, y para siempre poesía.

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