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Con Alonso Cueto y sus asombrosos personajes, por Eduardo González Viaña

Autor de novelas celebradas como “El susurro de la mujer ballena”, “Grandes miradas” y “La hora azul”, Cueto, como pocos, ha sabido perfilar el mundo interior de la mujer.

En mayo de 1976, llegué a Madrid luego de un vuelo desde Bucarest. A lo largo del viaje ocurrieron milagros, un viejo español exiliado bajó a Madrid tan solo para respirar aire de su tierra después de casi cuarenta años de ausencia y prefirió hacer luego un vuelo de conexión. Me dijo que iba a permanecer un tiempo en Andorra porque no confiaba mucho en las noticias sobre la muerte de Franco y temía que resucitara.

Don Ildefonso Nuño me dio un obsequio gratísimo: un amarillento ejemplar de poesía de Luis Cernuda que había conservado durante los años de su exilio en Moscú.

El mar, personaje de sus versos… “Con una voz insomne decía cosas vagas, / barcos entrelazados dulcemente / en un fondo de noche, / o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido / viajando hacia nada”.

Y yo caminé embrujado por páginas cuya lectura repetía frente a las mesas del café Comercial. Allí, un joven me soltó: ¡Conque leyendo a Cernuda!

Era peruano, se llamaba Alonso Cueto y había llegado con una beca para estudiar la poesía del asombroso Cernuda. Por mi parte, yo estudiaba Lingüística y Literatura en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid.

Esos son mis primeros recuerdos de Alonso, así como nuestra total coincidencia en la admiración por Juan Carlos Onetti, a quien él dedicó más tarde su tesis doctoral.

Tiempo después, una de las obras de Cueto, Grandes miradas, me hizo preguntarme de qué forma la dictadura de Fujimori contaminó la sociedad, y de qué manera era inexcusable sentir su hedor.

Recientemente, conversando con Cueto le he pedido algunas opiniones:

- Tu novela La hora azul mostró la infamia y el dolor de la guerra interna. Y, por su parte, Miriam fue la mujer encargada de exhibir la bestialidad de la represión.

¿Qué piensas?

AC: Justamente a partir de ese personaje me interesó explorar más la conciencia femenina y su percepción de la historia.

- Alonso, algunos observadores patriarcales enarcan las cejas cuando el escritor centra su obra en una mujer combativa. A mí me acaba de ocurrir en el caso de Manuela Sáenz y la luna de Paita. Durante mi presentación, alguien apagó el micrófono y más tarde alegó que yo estaba escribiendo sobre una terrorista del siglo XIX. ¿Qué piensas tú?

Alonso Cueto. Foto: LR.

Alonso Cueto. Foto: LR.

AC: Me parece que las mujeres en general tienen una conciencia de las relaciones humanas más sensible y aguda que los hombres. Nosotros con frecuencia estamos muy encerrados en nosotros mismos, pero las mujeres se proyectan en los demás y los conocen más a fondo.

- Eso es lo que ocurre en el caso de Memorias de una limeña, me parece, la novela que presentas en la Feria.

AC: En efecto, Adriana tiene una vida ejemplar y feliz hasta que ocurre algo que la arroja a un abismo. A partir de entonces tiene que sobreponerse a las consignas de la sociedad. Como ella, siempre me han interesado los personajes que se reconstruyen.

- ¿Cómo dibujas a la limeña de tu novela?

AC: Siempre me ha intrigado esa voluntad secreta que tenemos los seres humanos para persistir en nuestras consignas. En el caso de la limeña de mi novela y de otros personajes, me llama mucho la atención que no haya ninguna ideología, doctrina o religión que los impulse. Solamente el puro instinto de vida.

Descubrir cómo puede aparecer ese instinto frente a los fracasos y las tragedias, es una de las obsesiones que siempre he tenido como escritor.

- Pero hay algo más en tus personajes. Creo que el pasado los persigue.

AC: Tienes razón, pero son capaces de enfrentarlo. El recuerdo es una forma de inventar un pasado nuevo.

- En resumidas cuentas, ¿para qué sirve escribir?

AC: Escribir es un modo de conversar con uno mismo. Me interesan los personajes femeninos emprendedores e independientes. Quizá soy un escritor feminista, aunque recién ahora me doy cuenta.

- Recuerdo estos versos de Cernuda sobre la muerte: “Vas en la blanca nube que orlándose de fuego / de un dios es ya el ala transparente…”. ¿Qué te dicen?

AC: Ese es el asunto central de una obra, creo, encontrar las diversas maneras que hemos inventado para convivir con la muerte.

Una novela debe ofrecernos el testimonio de una vida vista en su profundidad y en su complejidad, pero una novela también debe ser entretenida, debe cuidar la intriga, la expectativa, todo eso que la hace un sueño coherente.

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