
¿Quién va a ganar las próximas elecciones? Es de temer que en Lima lo hagan esos alcaldes fraudulentos que desean repetir el plato con la “fórmula Porky”. Esas elecciones son en octubre; el nuevo gobierno debería prohibir el truco de inmediato, como un mensaje a los pillos en la política. No importa que chillen los abogados contratados.
Pero las elecciones de más peso serán las que se den por todo el país. En las zonas donde influirá el Niño van a ser eventos atropellados y, en algunos casos, incluso se mezclarán la campaña y la ayuda humanitaria, una ventaja para los protegidos por el gobierno. Pero eso no va a decidir los resultados. Para eso hay al menos tres factores.
Uno es la tendencia a preferir candidaturas realmente locales frente a candidaturas patrocinadas desde Lima. Esto ha demostrado ser así en la suma total de votos en todas las elecciones. Esa tendencia se podría reforzar luego del match costa vs. interior que acabamos de presenciar y dejaría a los ganadores de junio mal colocados.
Otro factor es el arrastre que puede tener un ganador reciente. En otras palabras, podríamos ver candidatos locales que también se declaran keikistas, hasta más de uno por pueblo, ciudad o región. Esos serían los candidatos arrastrados hasta la victoria. Pero quizás no funcione en las zonas que han sido más sanchistas.
Un tercer factor podría ser el ideológico, con candidaturas y electorados enfrascados en algo que podemos llamar proyectos propios. Temas sociales o familiares, casi formas extendidas de las votaciones comunitarias en los ayllus andinos o en las tribus amazónicas. Algo vinculado al tema de la autonomía.
En cualquiera de los tres casos, lo regional-municipal va a ser anticlimático, luego de esta segunda 'elección del fin del mundo' que todavía estamos viviendo. Quizás algunas visitas de K y su equipo a capitales clave del país ayudarían mucho al gobierno que comienza. Pero eso significa soltar recursos para los necesitados.
Resumiendo, las próximas elecciones las va a ganar el arraigo geográfico, como ha solido ser siempre. Esto no es algo malo, siempre y cuando la población haya aprendido a reconocer a sus pillos. No hacerlo siempre es frustrante y costoso para la gente del común.

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