Socióloga, con un máster en Gestión Pública, investigadora asociada de desco, activista feminista, ecologista y mamá.

Voto con memoria, por Marisa Glave

Lo que pretende López Aliaga y quienes atacan a Indira es tergiversar la realidad. Es hacer responsable de la investigación de la muerte de Pedro a su familia, a quienes fueron víctimas y no al Estado. Pero no podrán borrar la historia, ni la memoria de Pedro y sobre todo no podrán quebrantarla a ella

Rafael López Aliaga ha tenido problemas estos días en Puno, Apurímac y Arequipa. En su desesperación al ver que la segunda vuelta se le escapa, que su popularidad va cayendo sostenidamente semana a semana, descarga su frustración contra quienes considera culpables de su situación.

De manera violenta, como es su estilo, ha llamado a los que le recuerdan los vínculos de su bancada con el gobierno de Boluarte, así como su justificación cínica de las matanzas de compatriotas en protestas, como “gente de mierda”. Entre huevos y pifias tuvo que cancelar su última caravana en Apurímac.

En Juliaca, familiares de víctimas del 9 de enero, junto con ciudadanas y ciudadanos que no olvidan el terruqueo de López Aliaga en el contexto de la represión violenta del régimen de Boluarte, rechazaron públicamente su presencia. Simpatizantes del candidato, muy al estilo de Porky, agredieron con piedras y palos a los familiares de las víctimas que rechazaban su presencia en la región. Según La República, al menos tres de ellos resultaron heridos.

Y en Arequipa, en un mitin deslucido, con menos personas de las que esperaban, dedicó varios minutos a insultar a Indira Huilca, mujer política valiente a quien llamó delincuente e inmoral. Me queda claro que la razón de fondo es el pánico que le genera a López Aliaga y a personas como él que Indira pueda llegar al parlamento.

La fuerza de Pedro Huilca persiste

La memoria es un dispositivo muy poderoso, sobre todo en contextos electorales. Quienes buscan políticas de impunidad y de olvido, quieren silenciar las voces de la memoria que vuelven cada elección. No sólo Keiko Fujimori, como heredera del gobierno de su padre, sino también parte importante de la derecha conservadora que representa López Aliaga, buscan borrar los atroces crímenes de Estado cometidos durante el Conflicto Armado Interno.

Esperan lavar la cara de mandos militares que operaron en zonas como Ayacucho donde se impartieron prácticas sistemáticas de violación de derechos humanos. Secuestros, torturas, violaciones sexuales y asesinatos, seguidos de desaparición en fosas clandestinas o incineración en hornos. Pero también a la política de desaparición, asesinato y tortura en manos de grupos paramilitares, que operaron bajo el mando político de gobiernos de turno. En el tiempo de Fujimori y Montesinos, el grupo Colina.

Este comando paramilitar tenía también objetivos políticos, buscaba amedrentar o incluso desaparecer a líderes políticos que resultaran incómodos al régimen de Fujimori. Pedro Huilca, padre de Indira, obrero de construcción Civil, era el principal dirigente sindical del Perú en un tiempo en el que la tasa de sindicalización superaba el 50%. Era el principal opositor a las reformas neoliberales que el régimen buscaba implementar. Murió pocos días después de anunciar un Paro Nacional y de haber sido amenazado por Fujimori en un CADE, donde lo tildó de terrorista. El terruqueo de ese entonces.

Pedro era un líder social y político peculiar. Claramente ubicado a la izquierda, siempre fue hábil en el manejo dual de la lucha social. De protesta y de diálogo. No en vano su memoria ha quedado grabada en el corazón del pueblo peruano y es conocido también que los principales empresarios de la construcción mantuvieron con él una relación de respeto.

Aún recuerdo un recorrido por comunidades de Ayacucho, junto a Indira Huilca y Tania Pariona, camino a Fajardo. Paramos en una comunidad y en la asamblea un comunero, francamente emocionado, tomó la palabra y dijo que sentía que Pedro estaba vivo, que él fue obrero de niño y que Huilca lo ayudó y formó. Su fuerza podía sentirse en el ambiente y muchos la vemos en Indira.

Por eso su asesinato es asunto histórico, algo que no se debe olvidar, porque fue un golpe en el corazón del movimiento obrero y de la resistencia popular al régimen de Fujimori. Hoy hay una controversia pública en torno a quién lo mató. En primera instancia hay un fallo mayoritario exculpando a Colina, pero hay un magistrado con un voto contrario que sí encuentra suficientes indicios para señalar que Huilca habría sido asesinado por este comando paramilitar. La fiscalía que lleva el caso ha apelado. La familia también. El caso NO ESTÁ RESUELTO.

La búsqueda de justicia

No es casual que López Aliaga busque golpear a Indira Huilca, lo hace porque ella es una importante candidata a diputada por Ahora Nación en Lima, plaza que López Aliaga está comenzando a perder. Indira representa no sólo la defensa de los trabajadores y de las mujeres, sino la defensa de los derechos humanos, esos derechos que al ex Cardenal Cipriani, tan cercano a López Aliaga, le parecían una cojudez.

Indira tenía cuatro años cuando mataron a su padre. El pedido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se hace en 1997, cuando Indira tenía nueve años. La Comisión envía el caso a la Corte Interamericana cuando Indira tenía 15 años. La razón que prima para la Corte es que la Familia Huilca no había accedido a Justicia en el Perú para saber quién mató a Pedro.

La investigación que se llevó en el tiempo de Fujimori, en la época de la fiscalía de Blanca Nélida Colán, manejó las pruebas a su antojo e incluso exculpó a los senderistas que supuestamente habrían cometido el asesinato. Si Montesinos está o no detrás del asesinato está en debate en la Corte suprema ahora. Pero lo que no está en debate es que durante el régimen de Fujimori se bloqueó la investigación del asesinato de Huilca y esa es la razón por la que se repara a la familia.

Lo que pretende López Aliaga y quienes atacan a Indira es tergiversar la realidad. Es hacer responsable de la investigación de la muerte de Pedro a su familia, a quienes fueron víctimas y no al Estado. Pero no podrán borrar la historia, ni la memoria de Pedro y sobre todo no podrán quebrantarla a ella. Indira sabe bien que estamos luchando por una causa superior a nuestras vidas.

Marisa Glave

Desde la raíz

Socióloga, con un máster en Gestión Pública, investigadora asociada de desco, activista feminista, ecologista y mamá.