Politóloga
Tres años de cogobierno parlamentario han dejado una huella sistemática: instituciones desmanteladas, normas que blindan la impunidad y un Estado progresivamente capturado por quienes lo usan como botín. La alianza entre Fuerza Popular, Podemos Perú, Alianza para el Progreso y Perú Libre no ha sido accidental ni improvisada: ha sido coordinada. Sus votaciones en el pleno lo acreditan. Juntos por el Perú no ha integrado ese pacto; las actas son públicas, incluida la denuncia constitucional contra Roberto Sánchez que la bancada fujimorista aprobó en pleno.
Pero la historia no empieza en este período. Es desde Fuerza Popular que se gobierna el Perú de facto desde 2016, cuando esa bancada no reconoció su derrota electoral y tumbó a Pedro Pablo Kuczynski. Lo que vino después —la obstrucción sistemática, la producción legislativa al servicio del crimen organizado, la captura del sistema de justicia— es la continuación de un proyecto, no un accidente.
No hay arrepentimiento. No lo hubo por los crímenes de los noventa —los asesinatos, las esterilizaciones forzadas, la tortura— y no lo hay ahora. Sus viejas glorias vuelven al Congreso como plana de honor: negacionistas, terruqueadores y figuras como Cecilia Chacón, quien usó su curul para agredir y contribuir a la salida del sector Educación del Dr. Jaime Saavedra, ministro que hoy es referencia internacional en política educativa. ¿Los resultados de esas acciones? Según la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA), aproximadamente nueve de cada 10 estudiantes de quinto de secundaria no alcanzan el nivel satisfactorio en comprensión lectora. Palmas protocolares.
Ante esto, el debate sobre el voto viciado merece ser tomado en serio y también cuestionado con seriedad. Votar viciado es una opción legítima. En esa lógica, no ir a votar también lo es. Pero una campaña organizada cuyo objetivo declarado es la nulidad de un proceso electoral tiene un problema estructural: comparte la lógica de deslegitimar el procedimiento democrático. Cuando la impugnación electoral reemplaza a la disputa dentro de ese procedimiento, estamos ante una postura que, independientemente de sus intenciones, converge con quienes sostienen el falso fraude en su premisa central.
No sorprende que varios de los promotores más vocales del voto nulo sean los mismos que se plegaron a la extrema derecha en las campañas prematuras de vacancia en 2021.
Defender al país de la captura del Estado es el rol central de la ciudadanía organizada. La realidad es terca y las alternativas son solo dos. Nos guste o no, una sola persona ocupará la Presidencia.