Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid, docente del departamento de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre comunicación política, cultura política y populismo.
Estamos a dos semanas de elegir presidente y las encuestas y simulacros generan mayor atención. Hay cifras de postulantes que no cambian significativamente y otras que muestran movimientos que generan interés. Es la foto previa a la primera ronda de debates que debería dar pistas sobre qué hacer y por dónde crecer.
Es probable que nos estemos dirigiendo a una situación donde la primera vuelta se polarice, a la vez que se fragmenta, con resultados difíciles de avizorar. Los antis son diversos y los clivajes son complejos. Hay un sector que no quiere saber nada de nadie, pero también están quienes saben por quién no quieren votar o qué tipo de candidato les genera miedo o rechazo. Varios ya tienen su “menos malo”. El asunto es que hay divisiones al interior de quienes votan por postulantes relacionados con alguna posición de izquierda o de derecha. Si tomamos uno de los clivajes, Lima vs Interior (hay más, como nivel educativo, o identificación, por ejemplo), hay candidatos asociados a la derecha que tienen presencia en el interior (Fujimori y Álvarez) y quienes están más concentrados en Lima (López Aliaga). Hay candidatos vinculados a la izquierda más presentes en Lima o capitales de departamento (Nieto y López Chau) y candidatos de izquierda con mayor arraigo en zonas rurales y provincias que no son capital de departamento (Sánchez y Atencio). La resultante puede ser un voto polarizado en un sentido (derecha vs izquierda) pero a la vez fragmentado (derecha más regional vs derecha más limeña y lo mismo en la izquierda) donde los que pasen a primera vuelta será por mínimos. ¿De qué tendencia? Difícil saber. Otra posibilidad es una situación donde dos o tres actores absorban el voto de una buena proporción de los demás manteniendo la polarización, pero reduciendo la fragmentación. Más de una vez un candidato ha terminado creciendo cerca de un punto porcentual diario en los últimos días (Cornejo o Muñoz en municipales, Humala o Castillo en presidenciales). Todo se puede mover.
Con relación al hartazgo general, los anti todo, el último simulacro de Ipsos muestra cómo un sector importante de la población está muy cansado de la oferta electoral. Un significativo 29% vota en blanco o viciado. En el 2021 (el anterior proceso electoral), en el simulacro realizado en marzo por Ipsos, había un 17% de blancos y viciados. Hoy son 12 puntos porcentuales más. En los dos últimos procesos electorales, los resultados oficiales de ONPE mostraron que el voto blanco y viciado fue un aproximado de 19%, bastante menos que la cifra que hoy se muestra. Veremos si esto disminuye. La encuesta del IEP de marzo preguntó por las razones de este tipo de voto. Los principales motivos eran la percepción de corrupción, la desconfianza y la desinformación. ¿Estas actitudes y sentimientos se quedarán ahí instalados o encontrarán alguien que los canalice?
Analizando los votos emitidos en el simulacro de Ipsos, vemos que entre los candidatos que se pueden ubicar en la derecha, solo Fujimori crece respecto a la medición anterior (de 9,2% a 12,3%). López Aliaga no muestra mayores cambios (de 11,2% a 12,2%) y lo mismo ocurre con Álvarez (de 5,8% a 5,2%). Caen Acuña y Grozo. Esto último podría explicar el movimiento del voto por Fujimori, pero también ha disminuido el blanco y el viciado (que puede irse a muchos lados). El crecimiento de Fujimori se da básicamente por un incremento en el voto en regiones fuera de Lima. López Aliaga tiene cifras semejantes, pero con una recomposición en su interior: su voto en Lima se incrementa y el del interior disminuye. Tenemos acá dos tipos de voto asociados a la derecha, pero con diferencias con relación a qué regiones apoyan a uno u otro. Uno con crecimiento en el interior y el otro más limeño. Mirando la encuesta de Ipsos, que muestra datos del 2025, se observa que la actual intención de voto de Fujimori ha recuperado las posiciones que tenía en abril del 2025. En esa fecha apareció López Aliaga y en agosto del año pasado se puso por encima del Fujimorismo. Recién ahora el partido naranja muestra una tendencia diferente a favor de ellos. Un tema a observar.
Entre los candidatos que se ubican en el espectro de la izquierda, los que suben son Sánchez (de 2% a 5,4%) y Nieto (1,5% a 3,8%). López Chau muestra cifras semejantes entre una y otra medición (antes fue 4,1% y ahora 5,6%). De manera similar a lo que ocurre en la derecha, se observan diferencias entre los que tienen más apoyo en Lima o el interior. Sánchez crece principalmente por un incremento en el interior (no hay datos para diferenciar interior urbano vs interior rural), mientras que el crecimiento de Nieto ha sido, principalmente, en Lima (ahí tiene 7% de intención de voto, es el tercero después de López Aliaga y Fujimori). Se repite la situación de un votante, en este caso de izquierda, que si vive en el interior y en particular en zonas más alejadas, apoyará a un candidato mientras que si reside en Lima o en ámbitos urbanos de mayor tamaño, es probable que vote por otro.
El perfil de quienes no deciden todavía (datos del IEP de marzo) es, en mayor proporción de mujeres, personas que viven en el norte, centro u oriente (en Lima y en el Sur están más decididos), de menores recursos económicos (niveles D y E), menor nivel educativo, votantes que se auto perciben de centro o izquierda pero que no les interesa la política porque no se sienten representados. Deciden al final. Ahí deben apuntar los postulantes. ¿Alguno de los sectores mencionados se habrá sentido tocado por algún candidato en los debates? ¿Alguien conectó con las mujeres, con las personas de bajos recursos económicos y educativos, con quienes viven fuera de Lima? Las próximas encuestas o simulacros, luego de la primera ronda de debates, nos dirán por dónde va la tormenta.

Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid, docente del departamento de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre comunicación política, cultura política y populismo.