
El Foro Económico Mundial, conocido comúnmente como Foro de Davos, ha concentrado la atención de la opinión pública internacional a raíz de la presencia del presidente Donald Trump y de sus polémicas declaraciones en torno al interés estadounidense en Groenlandia, las obligaciones de gasto militar de los Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), así como otras cuestiones estratégicas abordadas por el mandatario norteamericano.
No obstante, entre la estridencia del pronunciamiento de Trump y la contenida respuesta de los líderes europeos, adquiere especial relieve el discurso de Mark Carney. Se trata de una intervención que, si bien se nutre del diagnóstico de los actuales resquebrajamientos del orden internacional, también ofrece elementos de esperanza para su reformulación, al proponer una agenda de cooperación renovada y un liderazgo responsable de las potencias medias.
El discurso pronunciado por el Primer Ministro canadiense puede interpretarse como la presentación implícita de un planteamiento integrador para las Américas. Carney no se limita a describir las grietas del sistema; sugiere que el momento de crisis es, al mismo tiempo, una oportunidad para que las potencias medias asuman un papel más activo en la definición de reglas, estándares y mecanismos de solución pacífica de controversias.
Desde esta óptica, Canadá busca presentarse como un Estado que reivindique su capacidad de construir un liderazgo moderado, dialogante y respetuoso del derecho internacional. Un posicionamiento que se ve respaldado por la solidez de su sistema interno. El país se ha afianzado como una democracia parlamentaria consolidada caracterizada por una cultura política que ha hecho de la protección de las minorías, la igualdad de género y el respeto por el medio ambiente componentes centrales de su política exterior.
La proyección internacional de Canadá no aparece, así, como una retórica vacía, se trata de la proyección exterior de un orden constitucional comprometido con los grandes temas de la agenda global contemporánea. Resulta significativo que este giro discursivo provenga de un país que, históricamente, ha sido un actor relativamente tardío en el sistema interamericano y que mantuvo durante décadas una cierta distancia respecto de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
La propuesta de Carney encuentra su anclaje en la experiencia canadiense como potencia media que ha desarrollado un modelo de autonomía estratégica sin renunciar a la cooperación multilateral. La autonomía en la política exterior canadiense se manifiesta en su relación bilateral con Estados Unidos, donde Ottawa ha demostrado su capacidad para divergir de Washington sin ocasionar una ruptura paradigmática.
La contribución de Carney reside en lo que catalogó como una “tercera vía” donde potencias medias que, en su conjunto, generan un peso suficiente para no depender de la benevolencia de las grandes potencias, pero que mantienen estándares compartidos y legitimidad institucional. Esta posición contrasta radicalmente con la lógica trumpista que Carney denunció como la coerción al “ejercicio de la soberanía aceptando la subordinación”.
En un contexto donde surgen un sinfín de cuestionamientos al orden internacional, la propuesta canadiense busca la concertación de las potencias medias que, comprometidas con la diversificación económica y la preservación de valores comunes, abogan por la reducción de la confrontación para tender puentes de cooperación.
Las Américas, tradicionalmente considerado un continente de paz, no se encuentran en búsqueda de polarizaciones. Carney, en esa línea, ha logrado interpretar con notable lucidez el sentir de las naciones emergentes y de las potencias medias del hemisferio, Estados que valoran y honran la paz como condición indispensable para su proyección externa. Indudablemente, ha surgido un auténtico líder continental.

"El acto de escribir demanda, pues, un trabajo de resignificación que incluye necesariamente una reflexión ética, política y cultural sobre las diversas maneras como empleamos hoy el lenguaje en las esferas pública y digital".

La propuesta de retirar los huacos eróticos de los espacios públicos carece de sustento científico.

“La belleza también atraviesa mi investigación como un ideal social que condiciona cómo nos percibimos y somos percibidos. Responder a determinados estándares puede abrir puertas, pero también generar prejuicios y encasillamientos. Al utilizar mi cuerpo como medio de expresión, mi obra corre el riesgo de ser interpretada únicamente desde la apariencia, sin atender a los cuestionamientos que plantea. La belleza puede atraer la mirada, pero también limitar lo que somos capaces de ver”.

"Brasil sigue siendo una potencia regional con un importante potencial para asumir un papel más protagónico en el sistema internacional, por lo que el Perú debería apostar por una relación basada en el pragmatismo y los intereses compartidos"

La exhibición reúne a un grupo de creadores con base en ambas ciudades -la mayoría provenientes del ámbito fotográfico, y otros identificados con medios más disímiles- que nos presentan proyectos que se detienen a analizar la alteración de estos dos territorios, irrumpiendo no solo en el paisaje de la ciudad, sino también en el paisaje suburbano, y sus dinámicas socioculturales.