Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente...

Venezuela: lo que puede venir…, por Diego García-Sayán

Restaurar la capacidad ociosa enriquecería a Venezuela y a la vez a Estados Unidos. Estaba —y está— de por medio mucho más que “cobrar”: se trata de cerca de la quinta parte de las reservas mundiales de petróleo

Dos comentarios medulares destacan en el análisis de The Economist de esta semana luego de la intervención estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro.

Primero lo obviamente medular: el petróleo. Con mención explícita por el jefe de la Casa Blanca en las horas de la intervención: “Vamos a hacer que nuestras grandes empresas petroleras estadounidenses… gasten miles de millones de dólares, reparen la infraestructura gravemente dañada… y empiecen a generar ingresos para el país”.

No suena realista y pesa la historia conocida. Bajo el mandato de Hugo Chávez, Venezuela nacionalizó activos pertenecientes a empresas estadounidenses y otras empresas occidentales. Se han presentado sendas demandas en tribunales estadounidenses e internacionales por un valor total de 60,000 millones de dólares contra el país y PDVSA, la empresa petrolera nacional.

Y se está en eso. El 16 de diciembre fue el aterrizaje. La Casa Blanca exigió que se devolviera “todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron anteriormente”. En eso se está ahora.

Algo más que cobrar…

Siguió la crisis petrolera. Décadas de inversión insuficiente y mala gestión han provocado que la producción petrolera de Venezuela haya caído en 2/3 desde finales de la década de 2000, hasta alrededor de un millón de barriles diarios en la actualidad.

Restaurar la capacidad ociosa enriquecería a Venezuela y a la vez a Estados Unidos. Estaba —y está— de por medio mucho más que “cobrar”: se trata de cerca de la quinta parte de las reservas mundiales de petróleo. Nada menos. Pero poco cambiará de inmediato.

El crudo pesado y ácido que albergan las reservas de 300,000 millones de barriles de petróleo de Venezuela es precisamente el tipo de petróleo del que carecen las refinerías estadounidenses crónicamente. Especialmente en un momento en que son tensas las relaciones de EE. UU. con Canadá, proveedor de este producto.

No obstante, como apunta The Economist, a corto plazo es más probable que la producción de crudo de Venezuela caiga, no que repunte. En efecto, desde diciembre las exportaciones se han desplomado y el volumen de crudo venezolano que flota en petroleros inactivos ha alcanzado máximos de varios años.

Recuperación de la producción.-

Conclusión preliminar: a menos que se levante el bloqueo, la producción de Venezuela tendrá que reducirse aún más. Quizás a menos de 700 000 barriles diarios. Esto dependerá de la evolución política y militar. Venezuela también tiene escasez de nafta, un diluyente que necesita para que su crudo superviscoso sea transportable y que ya no le llega desde Rusia.

De acuerdo con el contundente análisis de The Economist, la producción podría recuperarse en unos meses. Sí. Pero solo si se produce una transición política fluida y se levantan las sanciones estadounidenses a Venezuela. El mantenimiento básico y las reparaciones podrían impulsar la producción de crudo del país hasta 1,2 millones de barriles diarios a finales de 2026.

Sin embargo, eso seguiría estando muy por debajo de la producción máxima potencial del país y lo dejaría un poco por detrás de Libia, el decimoctavo productor mundial. Para “bombear” más, Venezuela tendría que superar tres problemas: una necesidad acuciante de fondos, la escasez de mano de obra y un mercado mundial saturado.

Inversión urgente

Panorama, pues, muy complicado y oscuro.

La consultora Rystad Energy estima que se necesitarían 110,000 millones de dólares en gastos de capital solo en exploración y explotación para que la producción del país se acerque a los niveles de hace 15 años. El doble de lo que las grandes petroleras estadounidenses invirtieron conjuntamente en todo el mundo en 2024. La “apuesta” súper optimista de Washington parecería ser que las grandes empresas se apresurarían a firmar cheques cuantiosos.

Eso no suena realista; para nada.

Para The Economist, por ejemplo, nada garantiza que se cumplan las altas expectativas existentes: “…las grandes empresas estadounidenses han guardado silencio ante la llamada a las armas…”. Y cunde el escepticismo. Pues sería dudoso “…que la industria petrolera venezolana pudiera seguir el ritmo”, dada la enorme fuga de cerebros: “Decenas de miles de trabajadores cualificados, desde ingenieros hasta geólogos, han abandonado el país. PDVSA está ahora dirigida en gran medida por las fuerzas armadas”.

Conclusión realista/dramática: “…devolver la producción venezolana a los 2,5–3 millones de barriles diarios —su nivel a finales de la década de 2010, y aproximadamente la misma cantidad que bombea hoy Kuwait, el octavo productor mundial— parece un proyecto a largo plazo…”. Así estamos, pues.

Volviendo a la “política”.-

La producción podría recuperarse en unos meses. Si se produce una transición política fluida. Condición sine qua non, dentro de la cual entra a ocupar un espacio la comunidad internacional.

Y, a la vez, que se superen tres problemas críticos: una provisión masiva de fondos, superar la escasez de mano de obra y considerar el mercado mundial saturado. Nada claro, pues, en el panorama.

Diego García Sayán

Atando cabos

Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fue Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados hasta diciembre de 2022. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.