Diplomático peruano. Ha servido como embajador del Perú en EEUU.
Nadie podría negar que las expresiones políticas ultraderechistas han encontrado en el Perú un caldo de cultivo muy propicio para su desarrollo especialmente a partir del triunfo electoral, en 2021, de una opción claramente izquierdista. Este hecho parece haber operado como una lección para que el sistema democrático en ningún caso pueda servir de rampa para opciones que pongan en riesgo la vigencia de la superestructura socioeconómica vigente.
En efecto, la ultraderecha ha ganado terreno en el mundo y el Perú no es la excepción, aunque aún está por verse el resultado final que esa tendencia global tendrá a la vuelta de algunos años.
El problema es que este tipo de movimientos tienen, como la historia lo demuestra, una concomitancia real con el racismo y con la violencia verbal y física. Y los ejemplos en nuestro país abundan: el odio como base de la acción política, “la resistencia”, el terruqueo, los insultos y burlas a quienes piensan distinto e incluso el llamado a la muerte de los adversarios. Y buena parte de la prensa funge como comparsa de esa estrategia.
El mundo, ciertamente, corre un riesgo inusitado. Por ejemplo, el prestigioso diario “El País” ha dado a conocer la existencia de una organización llamada “The Base” cuyo objetivo es acelerar la caída del sistema global para reiniciarlo bajo el poder del supremacismo blanco, en lo que confluyen el nazismo y el fascismo “con determinadas subculturas digitales”.
Los llamados “aceleracionistas” promueven un culto a la “violencia purificadora” a través de la guerra racial. Y esto se parece mucho, irónicamente, al Manifiesto Comunista de Karl Marx. Por eso ya están en la mira del FBI y de Europol.
“The Base”, nombre similar al de Al Qaeda” (la base, en árabe), pretende sustituir los gobiernos democráticos por un “sistema dirigido por los magnates tecnológicos en el que los seres humanos somos un obstáculo en el camino de su diseño” dice El País. Y esto tiene un nombre tenebroso: “tecnofeudalismo”. Por eso no extraña que quienes encarnan los liderazgos de la ultraderecha peruana compartan el mismo biotipo