Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente...

Papa León XIV: esperanza y alegría, por Diego García-Sayán

Mientras un país como el Perú se hunde por la impericia y la corrupción de quienes detentan el poder político, la elección de León XIV trae brillante luz al panorama. 

En tiempos de retrocesos y de incertidumbre, una decisión alentadora puede ser, para muchos, fuente de gran optimismo y esperanza. Es lo que siento que ha ocurrido por la elección del cardenal Robert Francis Prevost como Papa, jefe de la iglesia católica.

Mientras un país como el Perú se hunde por la impericia y la corrupción de quienes detentan el poder político, la elección de León XIV trae brillante luz al panorama. Es esperanzador, porque en el pasado, la Iglesia Católica ha sido clave tanto para dar apoyo espiritual a millones de personas y asistencia social, como para apoyar procesos políticos que han sido positivos para la democracia, las transiciones de la guerra a la paz y la afirmación de los derechos de las personas.

Valiosas contribuciones

Cuando el Perú era asfixiado por el autoritarismo y la corrupción a fines de los 90, una exitosa movilización institucional y social impulsó la pacífica transición democrática en el año 2000. Obra de miles de peruanas y peruanos que se pusieron en acción. Todos quienes bregaban por la vigencia de valores y los derechos fundamentales fueron la fuerza vital. En ello fue un contribuyente relevante la Conferencia Episcopal Peruana (CEP).

Más allá de su identificación general con la transición democrática, entre otros aspectos la CEP desempeñó un papel clave en la defensa de los derechos humanos y, dentro de ello, de los presos injustamente condenados por terrorismo en el Perú. Respaldó especialmente a la Comisión Ad Hoc de Indultos, impulsada por el padre Hubert Lanssiers. La CEP brindó permanente asistencia pastoral y legal a detenidos indebidamente e impulsó el reconocimiento institucional de las injusticias cometidas por el sistema judicial en los años de terrorismo.

La Conferencia Episcopal ayudó a generar respaldo institucional para la revisión de casos de personas condenadas sin pruebas. Su trabajo fue fundamental para superar la indiferencia ante las arbitrariedades del sistema judicial, diferenciándose de sectores  extremistas que justificaban la represión indiscriminada y persistían en las injusticias.

Varios miembros de la CEP, presidida en ese entonces por el fundamental monseñor Luis Bambarén Gastelumendi, brindaron acompañamiento espiritual y psicológico a los presos, asegurando que no fueran tratados como criminales sin derecho a defensa, sino como víctimas de un sistema judicial colapsado por el miedo y la presión política. Fue vital el respaldo activo de todos los obispos de ese entonces, con la notable excepción, por cierto, del hoy excardenal Cipriani, sancionado por el recordado Papa Francisco.

El respaldo desde la CEP a la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), así como de personajes clave como el padre Hubert Lanssiers, también fue decisivo para que los testimonios de los injustamente encarcelados fueran escuchados y documentados.

Recuperar el espíritu de justicia

La imagende la realidad actual es la del Pacto Corrupto que malgobierna el Perú. Por su incompetencia, corrupción e intolerancia, ha hecho retroceder al país, planteando fórmulas regresivas como la pena de muerte y la confrontación con el sistema interamericano de derechos humanos, como solo lo han hecho autoritarios como Fujimori, Maduro u Ortega. Y produciendo, por primera vez en más de 20 años, déficit fiscal.

Este retroceso en marcha pone en evidencia la necesidad de recuperar el espíritu de justicia y reconciliación que figuras como Lanssiers promovieron. La democracia no se sostiene solo con elecciones, sino con instituciones que protejan la dignidad humana y con líderes que entiendan que la seguridad no puede construirse sobre la base del autoritarismo.

Esa necesidad es, ante todo, una posibilidad cierta. Son buenos los vientos nuevos que trae la elección como Papa del obispo Prevost, quien desde 2018 ocupó el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. 

La lucha por los derechos humanos en tiempos de crisis, los constantes llamados a la paz y la justicia, especialmente durante las protestas y crisis políticas en Perú, el apoyo a las víctimas de desastres naturales, son puntos medulares en cualquier agenda de defensa y protección de la gente. Y fueron todos temas promovidos por la Conferencia Episcopal y de los que fue parte el entonces obispo Prevost..

Lo pendiente

La amenaza del “Pacto Corrupto” de restablecer la pena de muerte no solo es jurídicamente inviable, sino que apunta a desvincularse de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, dejando a la población sin acceso a la Corte Interamericana. Es una maniobra para desproteger a los ciudadanos y consolidar el autoritarismo.

Frente a este panorama, la elección de León XIV no es solo un evento eclesial, sino una fuente de esperanza para quienes creen en la justicia y los derechos humanos. Su liderazgo puede marcar un punto de inflexión en la resistencia contra el retroceso institucional que amenaza a Perú.

Es momento de recuperar el espíritu de justicia y reconciliación, no de permitir que el autoritarismo avance disfrazado de seguridad. Momento, pues, de recuperar el espíritu de justicia y reconciliación que figuras como Prevost, Lanssiers y Bambarén promovieron. Tenemos ante nosotros una fuente de inmensa y vibrante esperanza para todas las personas de buena voluntad.

Diego García Sayán

Atando cabos

Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fue Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados hasta diciembre de 2022. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.