La farsa de Wasi Mikuna

Decenas de niños se intoxicaron al consumir comida en mal estado del programa de alimentación escolar en Piura, Bagua Grande, Áncash y Los Olivos.

En las últimas 24 horas, más de 120 niños y niñas en diferentes regiones del país han sido víctimas de alimentos en mal estado entregados por el programa Wasi Mikuna, a cargo del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.

La situación es lamentable: el Estado no solo ha entregado alimentos en mal estado a la población más vulnerable, sino que no ha podido atender a los afectados en los hospitales locales debido a la escasez de suero para combatir la deshidratación ocasionada por las afecciones estomacales resultantes de la ingesta.

Esto sitúa al Estado peruano en un nivel alarmante de deterioro institucional y de calidad en la gestión pública.

En las escuelas de políticas públicas se enseña que, al seguir el proceso del problema público —en este caso, niños intoxicados por alimentos de baja calidad— se pueden identificar los nudos críticos que deben corregirse.

Los ciudadanos observan que los problemas que les afectan ya no están solo en la cadena de diseño, distribución y fiscalización del programa, sino también en las operaciones de contingencia, como la atención de salud inmediata.

El hecho de que el Estado ni siquiera pueda contar con sueros para atender estos casos demuestra el paupérrimo nivel en el que los ministros Leslie Urteaga y César Vásquez manejan sus respectivas carteras.

A pesar de que el gobierno de la presidenta Dina Boluarte decidió cambiar el nombre del programa, sin otra motivación más que intentar engañar a los peruanos, la calidad del suministro de alimentos sigue manteniéndose en los peores estándares.

Es urgente que el Estado dialogue con las necesidades de las comunidades en todo el Perú para sumar esfuerzos y lograr el objetivo más importante: reducir la brecha en desnutrición que limita, sin remedio, el progreso de nuestra sociedad.