El fin de la meritocracia educativa en el Perú
Congreso aprobó norma que permite que retornen a enseñar los profesores desaprobados en la evaluación.

La meritocracia educativa ha muerto. El pasado jueves, 92 congresistas acabaron con la reforma educativa, o lo poco que quedaba de ella, al aprobar que podrán volver a la docencia quienes reprobaron los exámenes de evaluación que periódicamente se tomaban o quienes nunca rindieron ninguna prueba.
Solo 6 congresistas se opusieron a esta decisión que echa por tierra cualquier cambio que se pretendiera realizar en el campo de la educación. No les bastó con la Sunedu para acabar con la calidad educativa; ahora también liquidan la necesidad de la capacitación continua y la medición de los resultados de las pruebas docentes, para garantizar la presencia de cada vez mejores profesores.
Entre los votantes que aprobaron el retorno de la mediocridad educativa, hay tres congresistas impulsores de la medida: uno de ellos nunca había querido dar exámenes mientras estuvo de docente, y los otros dos desaprobaron continuamente las pruebas. Con esta medida legislativa, se ha subsanado la falta de conocimientos y se ha premiado con una nueva plaza docente.
Si algo define este periodo de Gobierno (Castillo y Boluarte), es la permanente destrucción de todo lo avanzado en todos los terrenos. Se han perdido puestos de trabajo y se ha retrocedido en todos los indicadores de desarrollo: educación, salud, género, derechos ciudadanos, democracia, entre otros.
Hemos retornado a los 90 en algunos casos, sobre todo en los correspondientes a violación de los derechos humanos, violencia e impunidad. En materia económica, es más visible la crisis por indicadores negativos en inversión, déficit, endeudamiento e inflación. Lo ocurrido con la anemia infantil, desnutrición y pobreza es también un grave retroceso.
Nada, sin embargo, es tan significativo como la educación, considerada la llave maestra que permite tener esperanza en los cambios a nivel de las nuevas generaciones. Con lo ocurrido el jueves último, hay que despedirse también de ese sueño de la calidad y la meritocracia.













