Opinión

La criminalidad al ataque

Se multiplican los hechos delictivos ante una Policía en constante cambio de autoridades.

editorial
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El empresario minero secuestrado Santos Guillermo Sánchez Vera fue ubicado muerto en un paraje desolado de Santiago de Chuco. En el vientre tenía escrito “por no pagar completo”. Se trata de un hecho de violencia que se repite y que afecta sobremanera a la industria y a las empresas ubicadas en Trujillo, de donde provenía el fallecido.

Sánchez Vera fue emboscado dentro de su camioneta, en la que viajaba con dos miembros de su seguridad personal, la madrugada del 18 de enero, hace 6 días. Los secuestradores pedían 10 millones de dólares por su rescate, cifra que se sospecha fue negociada por la familia, con la idea de rebajarla.

La aparición del cadáver del empresario, con signos de mutilación y con el extraño mensaje escrito en el cuerpo, permite especular que el monto entregado no satisfizo los requerimientos de la banda de secuestradores, por lo que fue torturado y ejecutado. Días antes había aparecido la camioneta con los dos miembros de su seguridad, también asesinados.

El empresario podría haber sido víctima de mineros ilegales que están interesados en la empresa de su propiedad en la convulsionada Pataz, lugar en el que se multiplican los crímenes y atentados para tomar control de la zona minera. El asesinato se suma a otro secuestro de un empresario en La Molina, quien aprovechó la distracción de sus captores y pudo ganar la calle y solicitar ayuda. Además, se reporta el deceso de una mujer que se asomó a la puerta de su domicilio y recibió un balazo.

La hermana de la occisa también encontró la muerte en un atentado, aún investigado. ¿De qué se está tratando este ataque de la criminalidad en diferentes espacios y qué está provocando esta ola de violencia? Consiste en una batalla que está siendo protagonizada por organizaciones criminales, nacional y extranjera, que están peleando metro a metro por el control de los negocios ilícitos y por la eliminación de competencia y opositores. Todo ello ante la vista y paciencia de una Policía que anda entretenida en cambios continuos de jefes y sin un plan concreto.

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