Peligro público
Se han instalado en las comisiones de Educación y Mujer del Parlamento las personas menos idóneas.

Directos del medioevo llegaron a ocupar las presidencias en el Congreso quienes dirigirán por un año los destinos de las comisiones de Educación y de la Mujer.
José María Balcázar, de Perú Bicentenario, a diferencia de los demás parlamentarios, fue el único que se abstuvo de expresarse contra los matrimonios infantiles, en los que menores de edad, algunas de ellas de 11 años, son entregadas a hombres mayores de edad, validando así lo que es, sin duda, un delito de abuso de menores.
Justificó su controvertido voto en torno a la madurez que le otorga a las mujeres, las relaciones sexuales tempranas. Ese personaje es ahora el presidente de la Comisión de Educación para las próximas dos legislaturas.
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Milagros Jáuregui, de Renovación Popular, del alcalde Rafael López Aliaga, es una fundamentalista religiosa, presidirá la Comisión de la Mujer y considera que “Dios creó al hombre para ser el rey, el profeta y sacerdote de tu casa, esa es la posición que Dios le dio al hombre y ninguna mujer tiene el derecho de quitarle el lugar que Dios le dio”.
Ella es quien deberá defender y promover las políticas públicas que se han dado exclusivamente para alentar el desarrollo de mujeres, niñas y adolescentes, afectadas por la violencia doméstica, la pobreza y otras fuentes de desigualdad de género, que colocan en desventaja su futuro.
A ello se suma la presidenta de Ositran, Verónica Zambrano, quien intentó ridiculizar la discusión sobre los baños inclusivos en el aeropuerto Jorge Chávez, señalando que en cualquier momento alguien como Arnold Schwarzenegger podría ingresar a los de las damas, atraído por un cartel en el que se señalaba que era accesible “a toda persona con identidad femenina”.
El debate sobre derechos de la comunidad trans no puede arrastrarse por el piso con un comentario de tanta ignorancia. Querer dar respaldo a la denuncia del retrete promovido por la derecha más obtusa es inadmisible en esos términos. Sobre todo cuando hay poca o ninguna preocupación por las labores funcionales de una supervisora del transporte público, que básicamente es un caos.
Con este panorama, hay que alistarse para la defensa de los derechos ganados en este siglo por las mujeres y las comunidades minoritarias, a quienes también se les está tratando nuevamente de invisibilizar.







