¿La Bukele peruana?, por Maritza Espinoza
“Bukele, por cierto, es un caso de manual, porque todo aspirante a tirano arranca con la promesa de conjurar algún miedo...”.

Es verdad que cierto sector de la ciudadanía, amante de la mano dura y el tiro al cuerpo —siempre y cuando sea ajeno—, suspira por presidentes como Nayib Bukele, ese prospecto de dictadorzuelo júnior que ha decidido que, en su país, los derechos humanos son un estorbo y que, cuando se trata satisfacer a la chusma aterrada y sedienta de sangre, se puede arrestar sin motivo y torturar gente presa.
Bukele, por cierto, es un caso de manual, porque todo aspirante a tirano arranca con la promesa de conjurar algún miedo de la gente (delincuencia, terrorismo, migración), pretexto que usa para violar leyes e instituciones. Luego, obvio, viene la yuca de la reelección (ya se hizo aprobar una ley ad hoc hace dos años). Después, los robos y estropicios económicos. Finalmente, cuando la población despierta, ya el país es un paria internacional y es imposible deshacerse del bulto.
Por suerte para nosotros, Dina Boluarte no es, ni será jamás, una Bukele. Primero, porque erró de cabo a rabo su diagnóstico de los miedos ciudadanos. Sus asesores le juraron que si apuntaba al terrorismo la iba a hacer linda, pero se encontró con que ese es solo el fantasma particular de una minoría ínfima circunscrita al El Golf y poco más.
Segundo, porque —prueba de su miopía— intentó vincular las manifestaciones populares al terrorismo y dio mano suelta a las Fuerzas Armadas y la Policía, que perpetraron ejecuciones extrajudiciales que, luego, le han reventado en la cara, tanto a nivel de imagen internacional del país como de su propio futuro jurídico.
Y, finalmente, porque su estrategia comunicacional ha sido tan mala que, al intentar desmarcarse de las matanzas, ha provocado que cada vez más gente (81% según la última encuesta IEP) se convenza de que sí hubo violaciones de derechos humanos en su gobierno.
Así que de Bukele peruana, nada. ¿Y eso es bueno o malo? Como dijo, hace poco, Alberto Vergara, “el Perú es una democracia que muere sin dictador”.







